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Ajedrez en el aula: una forma lúdica de aprender a pensar

El juego constituye un mecanismo natural imprescindible para el aprendizaje. De forma espontánea, a través del juego libre, los niños aprenden a tomar decisiones, a resolver problemas, o a relacionarse con los demás. Y desde la perspectiva educativa también puede resultar muy útil el juego estructurado o dirigido, a medio camino entre el juego libre y la enseñanza directa, para ir fomentando un aprendizaje más reflexivo. Un ejemplo de ello lo representa el ajedrez, un juego con unas reglas definidas que se han de aceptar e interiorizar en el que confluyen aspectos relacionados con el deporte, la ciencia o el arte y que estudios recientes sugieren que su práctica regular puede beneficiar el desarrollo personal y académico del alumno: el análisis detallado de las posibles posiciones que pueden originarse en el tablero requiere concentración, autocontrol, pensamiento crítico o mantenimiento de la información visual en la memoria de trabajo, todas ellas acciones relacionadas con las llamadas funciones ejecutivas del cerebro que nos permiten tomar las decisiones adecuadas y que tienen una incidencia directa en el rendimiento académico del alumno. Y es que en el ajedrez, al igual que en la vida, hay que planificar y actuar con un tiempo limitado.

¿Qué ocurre en el cerebro del ajedrecista?

En Escuela con Cerebro hemos comentado en muchas ocasiones la importancia de la práctica regular (es tarea del profesor variar y espaciar los contenidos para no desmotivar) en el proceso de aprendizaje porque es así como se produce este a nivel neuronal: en el cerebro humano, tremendamente plástico, se aplica aquello de “úsalo o piérdelo”. La práctica continuada permite adquirir una serie de automatismos que hacen que exista una mayor eficiencia cerebral en los expertos que en los iniciados, ya sea en matemáticas, en música o, por ejemplo, en ajedrez.

Los estudios con neuroimágenes han revelado patrones de activación cerebral al jugar al ajedrez: el lóbulo occipital se activa debido al procesamiento visual mientras que el lóbulo parietal refleja el control atencional y la orientación espacial. Sin embargo, los ajedrecistas profesionales (Grandes Maestros y Maestros Internacionales) activan más el lóbulo frontal, lo cual indica procesos de razonamiento de mayor complejidad y la utilización de la memoria de forma más selectiva al acceder a la información consolidada, mientras que los aficionados activan más el lóbulo temporal y el hipocampo, lo cual sugiere una necesidad de codificar y almacenar la información novedosa que aparece en el tablero (Bart y Atherton, 2004).

Asimismo, se ha comprobado que los ajedrecistas profesionales desactivan mucho más que los iniciados la red neuronal por defecto (activación cerebral cuando nuestra mente divaga o estamos con el “piloto automático”; ver figura 1) e incrementan las conexiones funcionales entre los ganglios basales, el tálamo, el hipocampo y otras regiones pertenecientes al lóbulo parietal y al temporal (Duan et al., 2012 y Duan et al., 2014), sugiriendo todo ello que la práctica regular del ajedrez mejora el rendimiento cerebral permitiendo tomar mejores decisiones haciendo un uso adecuado de la memoria.

Figura 1

¿Por qué introducir el ajedrez en el aula?

Los beneficios que pueden obtener los alumnos cuando participan en programas de ajedrez bien estructurados en horario extraescolar pueden ser tanto cognitivos como socioemocionales.

En un estudio reciente realizado en colegios de Tenerife (poco tiempo después el Parlamento de Canarias aprobó por unanimidad incluir el ajedrez en la enseñanza primaria y secundaria) en el que participaron 170 alumnos con edades entre los 6 y los 16 años, se comprobó que aquellos que formaron parte de un programa de ajedrez semanal obtuvieron mejoras cognitivas y conductuales respecto a los alumnos que eligieron el fútbol y el baloncesto como actividades extraescolares (Aciego et al., 2012). Las mejoras cognitivas se vieron reflejadas en pruebas de atención, autocontrol, organización perceptiva, rapidez, planificación y previsión, mientras que las mejoras conductuales se percibieron en las relaciones con los demás, en la capacidad para afrontar los problemas o en la satisfacción mostrada ante los estudios, hecho confirmado tanto por los profesores como por los propios alumnos. Los autores de esta investigación comentaron que el ajedrez constituye una herramienta pedagógica muy potente porque mejora las capacidades cognitivas del niño o del adolescente y, además, incide muy positivamente en su desarrollo personal y social.

Aunque la anterior investigación refleja la evolución positiva del alumno durante el curso escolar, podría objetarse, debido a su diseño cuasi experimental en el que no existe una asignación aleatoria de los participantes a los grupos de control y experimental, que la mejora de las capacidades cognitivas del alumno no se debe al programa de ajedrez si no que los alumnos que lo eligieron voluntariamente ya poseían esas mejores capacidades. Sin embargo, ya existen estudios con diseños experimentales aleatorizados que confirman los resultados anteriores, incluso cuando estos programas se han integrado directamente en el currículo escolar, incidiendo positivamente en disciplinas concretas como en el caso de las matemáticas.

Kazemi y sus colaboradores (2012) realizaron un estudio en escuelas iraníes en el que participaron alumnos de primaria y secundaria. El grupo experimental estaba formado por 86 alumnos elegidos aleatoriamente que participaron en un programa de ajedrez que duró 6 meses mientras que el grupo de control lo formaban 94 alumnos también elegidos al azar. Los resultados reflejaron una clara mejora de los participantes del programa durante el curso, a diferencia de los integrantes del grupo de control, tanto en pruebas matemáticas (ver figura 2) como en otras específicas que evaluaban las capacidades metacognitivas de los alumnos.

Figura 2

Estos resultados han sido confirmados por otro estudio posterior realizado en las ciudades italianas de Asti y Bérgamo en el que participaron 568 niños, con edades entre los 8 y los 10 años, en el que 412 de ellos recibieron clases de ajedrez como una asignatura más durante todo el curso académico (Trinchero, 2013). A diferencia del grupo de control, los alumnos que recibieron el entrenamiento de ajedrez obtuvieron una mejora modesta pero estadísticamente significativa en pruebas matemáticas de resolución de problemas que era proporcional al nivel ajedrecístico alcanzado durante el curso. Estos resultados fueron justificados por el propio autor atendiendo a que el ajedrez permite a los alumnos mejorar su capacidad de concentración, la cual es necesaria para leer e interpretar de forma adecuada los enunciados de los problemas, y adquirir una mayor capacidad metacognitiva que posibilita análisis y evaluaciones más rigurosos durante el proceso de resolución. Y estas mismas mejoras en el contexto de las competencias matemáticas pueden darse también en alumnos con necesidades educativas especiales (Barret y Fish, 2011).

En una extensa revisión realizada por Nicotera y Stuit (2014) sobre los estudios publicados hasta la fecha, los cuales han sido clasificados atendiendo a la calidad del diseño experimental (el nivel 1 corresponde al diseño controlado aleatorizado que es el de más calidad), han encontrado efectos estadísticos positivos de los programas de ajedrez integrados en el currículo escolar que han evaluado pruebas cognitivas (figura 3) o los efectos sobre el rendimiento académico y las matemáticas (figura 4). En la práctica, cuando la medida estadística del tamaño del efecto supera el valor de 0,40 se considera efectiva la intervención..Figura 3

Figura 4

Aunque los resultados de los estudios recientes son positivos, estamos a la espera de nuevas investigaciones que se están realizando en España y en Inglaterra. En concreto, el estudio de Inglaterra corresponde a una evaluación del programa Chess in Schools que asignará de forma aleatoria 100 escuelas de primaria de diversas ciudades inglesas a los correspondientes grupos experimental y de control (50 y 50) y en el que intervendrán 3000 alumnos aproximadamente.

En la práctica

Aunque se han de completar las primeras evidencias empíricas que disponemos, el niño o el adolescente, jugando de forma regular a ajedrez, parece mejorar toda una serie de competencias cognitivas y socioemocionales que son imprescindibles para su buen desempeño académico pero también para la vida (ver video 2). El ajedrez es un recurso educativo que va a permitir estimular procesos como la atención, la memoria, la concentración, la creatividad o el razonamiento por lo que el verdadero objetivo de integrarlo en el currículo no es el de formar ajedrecistas si no el de aprovechar la mejora de estas habilidades comentadas en cualquier disciplina académica o situación de la vida, algo que debe compartirse desde el inicio con las familias.

El juego del ajedrez está al alcance de cualquier alumno pero hay que respetar su proceso de maduración personal e ir adaptando de forma progresiva las tareas que van facilitando su aprendizaje. En ese proceso, es muy importante el papel del profesor como orientador y suministrador de retos, la utilización de materiales que favorezcan la reflexión o estructurar el aula como un espacio lúdico en el que el alumno es un protagonista activo del aprendizaje. Y ello no solo se puede facilitar dedicando un tiempo semanal, tal como se hace con cualquiera de las asignaturas tradicionales, sino que también se puede fomentar disponiendo de espacios lúdicos dentro del recinto escolar dotados con el debido material que permitan desarrollar a los alumnos todo su potencial creativo jugando. Porque jugando se aprende a pensar y mucho más.

Jesús C. Guillén

Referencias:

  1. Aciego R. et al. (2012): “The benefits of chess for the intellectual and social-emotional enrichment in schoolchildren”. The Spanish Journal of Psychology 15(2), 551–559.
  2. Barrett D. & Fish W. (2011): “Our move: using chess to improve math achievement for students who receive special education services”. International Journal of Special Education 26,181–193.
  3. Bart W. & Atherton M. (2004): “The neuroscientific basis of chess playing: applications to the development of talent and education” in Paper Presented at the “Learning to Know the Brain Conference” (Amsterdam).
  4. Duan, X. et al. (2012): “Large-scale brain networks in board game experts: insights from a domain-related task and task-free resting state”. PLoS ONE 7.
  5. Duan, X. et al. (2014): “Functional organization of intrinsic connectivity networks in Chinese chess experts”. Brain Research 1558, 33–43.
  6. Kazemi F. et al. (2012): “Investigation of the impact of chess play on developing meta-cognitive ability and math problem-solving power of students at different levels of education” in 4th International Conference of Cognitive Science (ICCS 2011). Procedia-Social and Behavioral Sciences 32, 372–379.
  7. Nicotera A. & Stuit D. (2014). Literature Review of Chess Studies. Chess Club and Scholastic Center of Saint Louis.
  8. Trinchero R. (2013): “Can chess training improve Pisa scores in mathematics? An experiment in Italian primary school”. Paris, Kasparov Chess Foundation Europe.
  1. 17 septiembre, 2015 en 9:24

    Genial artículo, ¡lo compartimos! Un saludo

    • Jesús C. Guillén
      18 septiembre, 2015 en 0:22

      Muchas gracias por los comentarios. Seguimos compartiendo información para, entre todos, poder mejorar la educación.

  2. Jorge Barón
    21 septiembre, 2015 en 0:32

    Otro gran artículo, Jesús! Fenomenal tu tarea divulgativa, se agradece mucho. Ciertos entrenadores de ajedrez tratamos de adaptar lo que nos comentáis los neurocientíficos al proceso de aprendizaje y siempre viene bien seguir conociendo más sobre el funcionamiento del cerebro.

    De hecho, hay cosas muy curiosas sobre la formación de hábitos… Ejemplo: planteamos juegos de capturas de piezas con niños pequeños, pero luego resulta realmente complicado que inhiban ese impulso (de no capturar – en ajedrez suele ser mejor no capturar en muchas ocasiones, puesto que la pieza del otro que retoma mejora su posición y no conseguimos nada a cambio -). ¿Cómo reorientar esto?

    Como dices en el artículo y expuso Nicotera, es necesario aclarar que no contamos con tantos estudios como la gente cree que alcancen el máximo estándar de calidad y demuestren ciertos beneficios cognitivos del ajedrez. Pero los empieza a haber (y muchos de los otros también dan “buenas vibraciones”).

    Supongo que, por la extensión, no hablas de la posible mejora del niño en la comprensión lectora que, junto con la mejora en matemáticas, nos daría el par de ases cognitivos.

    Ya para terminar, si fuera posible y no te quita mucho tiempo, me gustaría hacerte una entrevista (vía email) para la página de ajedrez educativo que reabriré en breve.

    Lo dicho: gracias por compartir conocimiento y que sigas fortaleciendo sinapsis mucho tiempo!

    • Jesús C. Guillén
      22 septiembre, 2015 en 0:38

      Muchas gracias Jorge por tus generosas palabras.
      Muy interesante lo que comentas sobre los hábitos y qué importancia educativa tienen las funciones ejecutivas como la inhibición del impulso que comentas. En el fondo, el proceso de autorregulación emocional que nos permite, por ejemplo, detenernos para analizar si conviene en la nueva situación comernos la pieza o no, requiere tiempo y práctica. Pero hay algunas estrategias que podemos utilizar para mejorar el autocontrol. Como ejemplo la siguiente:

      (más ejemplos en: https://escuelaconcerebro.wordpress.com/2014/03/03/autocontrol-un-camino-directo-hacia-el-bienestar/)
      Muy importante también lo que comentas sobre los indicios de mejora de la comprensión lectora al practicar ajedrez que, al menos de forma breve, se deberían haber mencionado en el artículo. Si no lo hice (tengo el estudio de Margulies,1992) es porque vi más claras las evidencias empíricas en el caso de las matemáticas, tanto de número de publicaciones como de procedimiento experimental. Nicotera y Stuit solo identifican un estudio integrado en el currículo (los demás que analizan la incidencia sobre la lectura forman parte de programas extraescolares y no son aleatorizados) y es cuasi experimental. ¡Reconozco que me dejé arrastrar por la ciencia!
      Por supuesto Jorge que no hay ningún impedimento para la entrevista si crees oportuno que pueda aportar algo interesante (ha sido un reencuentro apasionante porque hace unos años estuve federado durante un tiempo).
      Y para los lectores que quieran conocer la fenomenal tarea divulgativa de Jorge Barón, maestro FIDE de ajedrez, les dejamos un par de enlaces muy interesantes:

      http://www.bubok.es/libros/195771/Aprendiendo-ajedrez-entre-maestros-y-principiantes
      Un abrazo.

      • Jorge Barón
        23 septiembre, 2015 en 0:11

        Tomo buena nota, Jesús, de las sugerencias del artículo sobre el autocontrol. Fantástico el vídeo del niño ruso, por cierto, ¡de los que son tremendamente útiles!

        Seguramente lo mejor que podemos hacer previamente para mejorar el autocontrol es enseñarle a nuestros chicos algunas de las imágenes de escuela-con-cerebro (como las de plasticidad cerebral o mente fija vs mente en crecimiento) y técnicas de relajación, algo de mindfulness y lo básico para gestionar un diálogo mental. Con permiso de los padres, claro, que es lo que suele ser más difícil de conseguir…

        La Ciencia manda, como tú dices, y si lo demostrado es la mejora en matemáticas, pues está bien puesto. Que se demuestra finalmente la mejora en comprensión lectora – que bien nos vendría – pues se amplía el artículo. Además, ya que has estado federado, sabes que el ajedrez tiene mucho de ciencia; sólo que muchas veces queda disfrazado de juego. Pero bueno, ¡por eso le gusta a los chicos!

        Respecto a la entrevista, Jesús, te comento un poco en detalle el motivo más básico, y vayan disculpas adelantadas por la extensión. Apenas se habla de esto, y creo que es una pena.

        Claro que puedes aportar algo interesante, ¡sin duda! El tema adicional es que, claramente, los que trabajamos con niños en el mundo del ajedrez, aún fuera del ámbito escolar, debemos de prestaros más atención. Muchas veces olvidamos que hay un cerebro varios pisos más arriba de esas manos que mueven las piezas. Caso a los psicólogos (ya se está haciendo, pero aún falta más) y a los neurocientíficos (ejem, ahí anda).

        Lo cual, a veces, está justificado: los periódicos hablan de los ajedrecistas expertos, de qué áreas activan ellos y cuáles los principiantes, de dónde podemos situar la zona cerebral de la estrategia defensiva y la ofensiva (en adultos expertos)… Mucho de expertos, partidas de élite, competición pura… ¡pero luego resulta que fuera del ámbito del ajedrez esos Maestros no muestran ciertas “mejoras significativas” en otras áreas! Su habilidad es específica del ajedrez… ¿Qué ha pasado aquí?

        Así que quizá sea planteable ver si queremos que el ajedrez sirva para “algo más” y mejore las matemáticas, o quizá ciertas áreas relacionadas con el lenguaje, como “efecto rebote” (sospechamos que lo produce el trabajo constante con símbolos y/o patrones, y nos quedamos ahí), o si queremos saber por qué ocurre esto profundizando de alguna manera, viendo si se puede optimizar su enseñanza, etc. Saber que hace algo, por esto y esto, ya sabes.

        Y, sobre todo, Jesús, tú lo sabes bien, si podemos utilizar este vehículo como herramienta útil para enseñar a pensar (como titulaba un artículo de Dianne Horgan, allá por los 1980s), como terreno controlado de procesos de toma de decisiones basadas en análisis de factores y demás.

        Vamos, que por ahí irán algunas preguntas especulativas (que suelen ser el germen de la Ciencia). Serán básicas, no tendrás que gastar muchas energías. Ojalá seas tan amable de intentar contestarlas (en su día):

        ¿Podemos aplicar trucos neurocientíficos para mejorar la enseñanza/aprendizaje del ajedrez? ¿Deberíamos, ya de primeras, enseñar mucho más a fondo lo que puede hacer cada pieza, así como su interrelación básica con las otras, con ciertas “misiones” geométricas de ataque-defensa-bloqueo, en vez de enseñar a mover todas del tirón?

        De alguna manera toda esta geometría parece entroncar con las matemáticas… ¿Podría repercutir, incluso, en una mejora aún más significativa de ciertas capacidades matemáticas? ¿Podría haber, incluso, una interesante retroalimentación?

        Mayoritariamente, nuestra forma de instruir en ajedrez sigue siendo la que nos enseñaron en el siglo XX… ¿es posible que no hayan surgido apenas términos nuevos para expresar conceptos que habrían debido cambiar o, al menos, actualizarse?

        En fin, no puede ser que el ajedrez sea un juego/deporte mental, con un elevadísimo componente psicológico en quienes se lo toman un poquito en serio, y no intentemos mostrar a los niños con imágenes cómo podría funcionar su cerebro antes y durante una partida (y, en especial, decirles que tocará varias veces a la puerta de la amígdala, y a ver quién asoma) o qué pueden hacer para reconducir sus pensamientos negativos si ocurre algo inesperado.

        Resumen: ¡vuestros artículos los necesitamos como el agua para beber!

        No te robo más tiempo, un abrazo y gracias por tus artículos, así como por la mención. ¡Buena suerte con ese libro nuevo que, me han contado, sale en breve!

  3. BFS
    1 abril, 2016 en 15:40

    Me ha encantado el artículo, así como los comentarios. Soy madre de dos hijos que juegan al ajedrez, y ambos son los mejores en matemáticas de su clase, Llevan ya unos cuatro años dando clase en el colegio y les gusta. También participan en torneos de no federados y organizamos todos los años un torneo en casa en verano, con piscina incluida. Quería aportar también sobre el vídeo adjunto en los comentarios de Jorge Barón, que yo definiría la creatividad como la capacidad para resolver problemas, y el pensamiento lateral es una herramienta para generarla. Un saludo,

    • Jorge
      2 abril, 2016 en 18:29

      Buen apunte sobre la creatividad, BFS. Sea cual sea su definición es claro que la necesitamos bien al ladito. Me alegro por tus hijos, ¡parece que no les va nada mal!

    • Jesús C. Guillén
      3 abril, 2016 en 21:00

      Muchas gracias por compartir tu experiencia BFS. Qué bueno que tus hijos puedan transferir el aprendizaje a otras disciplinas y que disfruten del proceso junto a otros amigos (el gran efecto socializador del juego). Y también con maestros innovadores, como Jorge Barón, todo es más fácil.

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