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En torno a la ceguera perceptiva (Entrevista a P. Johansson en La Contra de La Vanguardia, 14.01.2012)

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120111/54244250713/petter-johansson-nuestras-decisiones-las-justificamos-a-posteriori.html

“Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”, alegaba Grouxo Marx, suscitando cómplicemente la hilaridad de nuestros egos, tan fácilmente persuadidos por nuestro siempre favorable autoconcepto. Que el autoconcepto nos sea favorable -que a cada cual le sea favorable su propio autoconcepto- es cualquier cosa menos sorprendente: nos permite crecernos, una inestimable estrategia de supervivencia en un entorno siempre competitivo, y nos facilita creer en nosotros mismos y sostener la convicción de que somos realmente el dechado de virtudes que desearíamos encontrar, en justicia, en cualquier otro congénere con quien debamos mantener trato. Ahí reside precisamente el mecanismo del humor: automáticamente las palabras del cómico nos llevan a desidentificarnos de personajes tan poco ejemplares como quien las dice, no sólo porque pueda pensar tan mal de sí mismo, sino porque además, y sobre todo, ¡no tenga escrúpulos de hacerlo público!

Sin embargo, la frase de Grouxo no está tan lejos de la realidad. Otra cosa es que seamos tan modestos y cándidos como su personaje. Peter Johansson, filósofo y neurocientífico sueco, disuade en la siguiente entrevista, y en poco más de cinco minutos, al más pertinaz defensor de la propia integridad y coherencia morales. Sin mencionarla, se refiere al concepto de la ‘ceguera perceptiva’, que no es otra cosa que el sesgo con el que interpretamos, asimilamos y luego evocamos la información derivada de nuestra percepción sensorial. Ni que decir tiene que tal sesgo es todavía mucho más acusado cuando la percepción no se aplica al fin de conocer el entorno exterior sino que se vuelca sobre uno mismo para construir la realidad psicológica propia, el autoconcepto. Los juicios que emitimos sobre nosotros mismos, paradójicamente, suelen ser más acusadamente falaces que cualquier otro juicio que hagamos relativo al mundo exterior: no somos en absoluto quienes creemos ser, ni nuestros valores son  los que defenderíamos que son aun  al precio de dejarnos en ello la piel. Y ya no se trata de una crítica al fanfarroneo ante terceros. Johansson sostiene que el discurso que uno mantiene consigo mismo para conseguir lo que llamamos autoconocimiento no tiene nada que ver con nuestra realidad psicológica íntima. No por perversidad moral. No por una intención de autoengaño deliberada. Tampoco por una tara de la ‘inteligencia’ o un fallo en nuestra cognición. Al contrario, probablemente sea un residuo de estrategias cerebrales que maximizaron las probabilidades de supervivencia de los especímenes que las manifestaban, y ahí se han quedado, replicadas en nuestros mecanismos cerebrales de generación en generación, ayudándonos a competir con nuestros pares y en consecuencia ayudándonos a sobrevivir pero al mismo tiempo, y en lo más profundo, también enmascarándonos. Uno siempre caba siendo el mayor desconocido para sí mismo.

Ester Astudillo

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Vemos menos de lo que creemos: ¡el cerebro nos traiciona!

14 diciembre, 2011 1 comentario

En el video presentado, hay que contar las veces que el equipo blanco se pasa la pelota. Para ello, ¡se requiere atención y concentración plena!

El experimento aquí planteado no guarda ninguna relación con la inteligencia ni con la capacidad para prestar atención (en torno al 50% de las personas que lo ven no detectan la aparición sorpresa).

La ceguera por inatención es un mecanismo a través del cual nuestro cerebro nos puede engañar. Al estar ocupado en algo que requiere mucha atención, dispone de menos atención para dedicarse a otras tareas. También la memoria es menos precisa, perfecta y permanente de lo que realmente creemos que es. Puede almacenar parte de la información más relevante de un suceso, pero rellena el resto. Todo esto tiene importantes implicaciones, como por ejemplo, en los testimonios de los procesos judiciales.

Por lo que se refiere al ámbito educativo, cabe decir que los docentes conocemos la importante relación existente entre la memoria, la atención y la percepción. De hecho, la memoria está asociada al aprendizaje real.

Para saber más:

CHABRIS CRISTOPHER, SIMONS DANIEL, El gorila invisible, RBA, 2011.

Jesús C. Guillén