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La atención en el aula: de la curiosidad al conocimiento

La curiosidad, lo que es diferente y sobresale en el entorno, enciende la emoción. Y con ella, con la emoción, se abren las ventanas de la atención, foco necesario para la creación de conocimiento.

Francisco Mora

Atención y motivación. Fig1

“¡Prestad atención, por favor!” Así se dirigía  a sus alumnos en un tono enfurecido una profesora desesperada. Lo cierto es que, tras la sorpresa inicial que duró unos segundos, sus alumnos centraron su atención en lo que estaba sucediendo fuera del aula: un grupo de cotorras excitadas alternaban sus posiciones en la copa de un pino. Y parecían divertirse. La profesora en cuestión no acabó de entender ni supo aprovechar que lo que sucedía en el entorno natural exterior era mucho más interesante y emocionante que una pizarra repleta de anodinas explicaciones sobre sucesos históricos acaecidos hace muchos siglos. Y eso es lo que está demostrando la neurociencia, que la forma más directa de despertar  la atención, mecanismo imprescindible para el aprendizaje, es suscitar la curiosidad (Mora, 2013). Y esto es así debido a que los seres humanos, aunque nos cuesta reflexionar porque ello requiere el correspondiente gasto energético, somos curiosos por naturaleza.

Redes atencionales

Hoy sabemos que la atención no constituye un proceso cerebral único sino que existen diferentes redes atencionales que hacen intervenir circuitos neuronales y regiones cerebrales concretas (ver figura 2). Según el modelo de Posner, existen tres redes neurales o sistemas de regiones cerebrales que están interconectadas (Posner y Rothbart, 2007):

  • Una red que nos permite alcanzar y mantener un estado de alerta. Por ejemplo, cuando el alumno se queda sorprendido ante el desenlace de un experimento de laboratorio.
  • Una red que permite orientar la atención y seleccionar la fuente del estímulo sensorial. Por ejemplo, cuando el alumno está buscando en clase al compañero con el que tiene que realizar la práctica de laboratorio.
  • Una red ejecutiva relacionada con los procesos de control que suministra la base del comportamiento voluntario y que permite regular pensamientos, emociones o acciones. Por ejemplo, cuando el alumno está intentando resolver el problema planteado en el informe de las prácticas de laboratorio.


Redes atencionales en el cerebro. Fig 2

Aunque existen también mecanismos inconscientes que permiten mantener la atención e incluso que se creen que son importantes en la resolución creativa de problemas, nosotros nos centraremos en los aspectos voluntarios y conscientes de la atención que conlleva lo que conocemos como concentración y que desempeña un papel esencial en una forma de memoria (memoria explícita)  que es la forma de aprendizaje utilizada en tareas escolares como los tradicionales exámenes.

La atención ejecutiva: la atención selectiva para el estudio

Las funciones asociadas a la atención ejecutiva (ver la implicación de la corteza prefrontal en la figura 2) se solapan con las ejercidas por las conocidas  funciones ejecutivas, aquellas que nos permiten elegir, planificar y tomar decisiones de forma consciente y voluntaria. Es por ello que la atención ejecutiva es esa atención específica para el estudio que permite al alumno, mediante un foco atencional variable, seguir el proceso de resolución de una tarea o problema concreto, analizar un texto o seguir la explicación del maestro.

Investigaciones recientes con grandes implicaciones educativas  están intentando demostrar que se puede mejorar la atención y otras funciones ejecutivas.

El entrenamiento de la atención

 En un estudio muy famoso (Rueda et al., 2005) se diseñaron unos ejercicios de entrenamiento para ayudar a niños entre 4 y 6 años a mejorar su atención ejecutiva. La elección se debe a que se ha demostrado que esta red atencional se desarrolla de forma drástica entre los 2 y los 7 años.

En las pruebas, los niños aprenden a controlar con su joystick un gato (ver figura 3) que ha de mantenerse fuera de la lluvia (a), se ha de mover hacia la hierba (b) y ha de atrapar un pato cuando sale del agua (c).

Entrenamiento de la atención. Fig 3

Tanto el grupo experimental como el de control tenía 12 niños y la investigación se realizó durante 5 días de entrenamiento en sesiones que duraban entre 30 y 40 minutos. Pues bien, con esa práctica reducida de sólo 5 días, el análisis de los resultados demostró una mejora importante tanto en la atención ejecutiva como en la inteligencia de los niños. Los autores sugieren que este tipo de entrenamiento utilizando videojuegos puede resultar especialmente útil en niños con un perfil atencional bajo o en aquellos que padecen algún trastorno del aprendizaje, pero no descartan su utilidad para cualquier tipo de alumno. Se desconoce cuánto tiempo puede durar la facilitación de estos mecanismos cerebrales en la atención ejecutiva, aunque un estudio posterior reveló que los efectos beneficiosos se observaron al menos 2 meses después (Rueda et al., 2012). Seguramente, entrenamientos más duraderos puedan alargar estos periodos temporales.

La atención en el aula: de la teoría a la práctica

El inicio de la clase es clave

Los seres humanos recordamos mejor lo que ocurre al principio, por lo que el comienzo de la clase se nos antoja un momento crítico. Tradicionalmente se utilizan los primeros minutos de las clases para corregir los deberes del día anterior, sin embargo, deberían utilizarse para introducir o analizar los conceptos más novedosos y relevantes. Es esa novedad que despierta la curiosidad la que activa las redes atencionales de alerta y orientativa del alumno y que le sirven para abrir el foco de la atención, no para mantenerlo.

Como ejemplo que resalta la importancia de la curiosidad en el aprendizaje, podemos iniciar una clase al modo socrático clásico con una pregunta provocadora relacionada con un  problema real que sea motivador y que permita al alumno iniciar un proceso de investigación en el que se sienta un protagonista activo  del mismo (ver figura 4).

Toblerone. Fig 4

Ciclos y parones

Diversos estudios demuestran que la capacidad del alumno para mantener la atención sostenida varía, en promedio,  entre 10 y 20 minutos (Tokuhama, 2011). Esto sugiere que, para optimizar la atención del alumnado, el profesor debería  dividir el tiempo que dispone para impartir su materia en bloques que no excedieran, aproximadamente, los 15 minutos. De esta forma también se facilita el procesamiento y consolidación de la información que sabemos que requiere práctica continua y tiempo. El inicio de la clase debería despertar el interés, en la mitad de la misma se podría facilitar la reflexión a través del trabajo cooperativo y utilizar el final para repasar lo prioritario.

La variedad estimula la atención

Existe una gran diversidad de estrategias pedagógicas que pueden estimular al cerebro y captar la atención siempre y cuando conlleven cambio y novedad. Desde la utilización por parte del docente, por ejemplo,  de metáforas, historias, ejercicios que propongan predicciones, actividades que requieran analizar diferencias (Jensen y Snider, 2013), debates, lecturas o videos hasta cambios regulares en el entorno físico de aprendizaje que constituye el aula y que suministren estimulación visual. La experiencia del profesor permitirá mantener ese equilibrio requerido entre lo novedoso y lo más tradicional para no provocar estrés inadecuado en el alumnado.

La emoción como elemento facilitador

Cuando las emociones positivas nos impregnan de energía podemos concentrarnos mejor y empatizar más, ser más creativos y mantener el interés por las tareas (Davidson, 2012). Richard Boyatzis comenta: “hablar de sueños y metas positivas estimula centros cerebrales que nos abren nuevas posibilidades. Pero si la conversación cambia a lo que deberíamos corregir en nosotros, esos centros se desactivan” (Goleman, 2013). Curiosamente en la escuela prevalece un enfoque centrado en los déficits. Por ejemplo, en la corrección de los exámenes todavía predomina el subrayado en rojo de los errores, existiendo muy pocos comentarios positivos sobre lo realizado.

Se aprende mejor en plena naturaleza y jugando

El intentar mantener la atención durante periodos de tiempo prolongados agota determinados neurotransmisores de la corteza prefrontal. Sin embargo, se ha demostrado que un simple paseo en un entorno natural es suficiente para recargar de energía determinados circuitos cerebrales que permiten recuperar la atención y la memoria y que mejoran los procesos cognitivos (Berman et al., 2008).

Incluso niños con TDAH han mostrado cierta reducción de sus síntomas al encontrarse en la naturaleza  (Kuo, 2004). Yo mismo he podido comprobar como un alumno con déficit de atención se distraía continuamente al intentar resolver un problema matemático en clase y, poco tiempo después, estaba totalmente concentrado en una carrera de atletismo que iba a disputar.  Y es que la neurociencia ha demostrado la importancia del juego y de la actividad física en el aprendizaje y más si se da en entornos naturales.

La atención requiere autocontrol

Sin el funcionamiento adecuado de las funciones ejecutivas no es posible prestar atención al estímulo apropiado y, de esta forma,  se dificulta el aprendizaje. En este sentido, la utilización de actividades artísticas resulta muy útil en la mejora del autocontrol. Por ejemplo, al tocar un instrumento musical o al participar en una obra de teatro, el alumno puede mejorar la atención ejecutiva porque esas actividades le permiten centrarse y eliminar estímulos irrelevantes. Asimismo, es importante promover la metacognición del alumno a través de actividades (los proyectos son muy útiles) en las que debe reflexionar sobre lo que hace y aprende.

Mindfulness en el aula

Siguiendo con la línea anterior, se ha demostrado que el mindfulness mejora la actividad de circuitos de la corteza prefrontal que son fundamentales para mantener la atención y de otros de la corteza parietal que dirigen la atención  centrándola en un objetivo específico.  A la mejora de la atención selectiva hay que añadir la de la metacognición, el autocontrol o la relajación (Davidson, 2012), todos ellos factores imprescindibles en el desarrollo y aprendizaje del alumno. Esta técnica, integrada en programas de educación socioemocional, puede aplicarse perfectamente en el aula. La clase de tutoría es ideal para comenzar la implementación de este tipo de programas aunque su eficacia depende de hacer partícipe a todo el profesorado.

Conclusiones finales

Las investigaciones en neurociencia cognitiva de los últimos años han revelado información relevante que creemos puede tener muchas aplicaciones educativas. Tanto el conocimiento de las diferentes redes atencionales para suministrar la información, como el entrenamiento con videojuegos de la atención ejecutiva  para mejorar todo un conjunto de capacidades intelectuales imprescindibles en el desempeño académico y personal del niño, han de guiar las estrategias educativas del futuro.

Para mejorar el aprendizaje, el alumno debe reflexionar, indagar y relacionar los conceptos novedosos con los conocimientos previos, en definitiva, profundizar. Pero para ello se requiere una mente concentrada  y eso se consigue si el cerebro (en concreto, la corteza prefrontal) es capaz de conectar diferentes circuitos cerebrales e inhibir otros que son irrelevantes y fuentes de distracciones. La atención facilitadora del aprendizaje necesita esfuerzo continuo que requiere autocontrol, motivación que se consigue  a través de lo novedoso o relevante y emociones adecuadas, es decir, positivas. Al fin y al cabo, como mantenía William James hace más de un siglo: “Aquello a lo que atendemos se convierte en nuestra realidad, y aquello a lo que no atendemos acaba desapareciendo poco a poco de nuestra realidad”.

Jesús C. Guillén

Bibliografía:

1. Berman M. et al. (2008): “The cognitive benefits of interacting with nature”. Psychological Science, 19.

2. Davidson, Richard, Begley, Sharon (2012). El perfil emocional de tu cerebro. Destino.

3. Goleman, Daniel (2013). Focus. Desarrollar la atención para alcanzar la excelencia, Kairós.

4. Jensen, Eric y Snider, Carol (2013). Turnaround tools for the teenage brain. Jossey-Bass.

5. Kuo F. y Faber Taylor A. (2004): “A potentional natural treatment for attention déficit/hyperactivity disorder: evidence from a national study”. American Journal of Public Health, 94.

6. Mora, Francisco (2013). Neuroeducación: sólo se puede aprender aquello que se ama. Alianza Editorial.

7. Posner, Michael I. y Rothbart, Mary K. (2007). Educating the human brain. American Psychological Association.

8. Rueda M. R. et al. (2005): “Training, maturation, and genetic influences on the development of executive attention”. Proceedings of the National Academy of Sciences, 102.

9. Rueda M. R. et al. (2012): “Enhanced efficiency of the executive attention network after training in preschool children: Immediate changes and effects after two months”. Developmental Cognitive Neuroscience, 2.

10. Tokuhama-Espinosa, Tracey (2011). Mind, brain, and education science. A comprehensive guide to the new brain-based teaching. W. W. Norton & Company.

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  1. Guillermo Salinas Talavera
    4 agosto, 2014 en 23:51

    La atención como es sabido, tiene sus características. como la distracción,la atención distributiva,etc; efectivamente, hay que aprovechar las conexiones neuronales de una atención concentrada que son más positivas en relación a las otras formas de atención como usted lo indica muy bien para, lograr mejores aprendizajes.

  2. Jesús C. Guillén
    5 agosto, 2014 en 17:39

    Guillermo, ya lo decía también William James: el mejor sistema educativo es el que promueve la capacidad de mantener la atención voluntaria. En definitiva, aprender a aprender.

  3. 19 agosto, 2014 en 12:00

    Este post me ha hecho recordar a una profesora que tuve en EE.UU de Sociología cuando estuve en bachillerato. Cada vez que sacabas una buena nota en su examen te ponía una pegatina de muñecos y una cara sonriente, y a veces si le gustaba especialmente una respuesta te escribía al lado “well done”. Eso me incentivaba para seguir esforzándome y prestar atención pues las buenas respuestas venían por lo dicho en clase. Ahora intento que mis alumnos no tengan tantos tachones sino bienes muy grandes, sobre todo recalcando las cosas que hacen correctamente o las cosas que aprenden cuando me escuchan.

  4. Jesús C. Guillén
    19 agosto, 2014 en 23:51

    Muy interesante lo que comentas Magda. Lo cierto es que cuando nos centramos en los aspectos positivos de las tareas realizadas en lugar de detectar únicamente los defectos (como tantas veces se ha hecho en las correcciones de los tradicionales exámenes) es más fácil que el alumno se motive, porque se le reconoce que tiene virtudes y fortalezas. Y, por supuesto, hemos de asumir que el error forma parte del proceso de aprendizaje y que resulta necesario para progresar. En resumidas cuentas, al alumno (al igual que pasa con cualquier persona) le gusta que se le reconozca su trabajo y en su proceso de evolución académica y personal la relación que mantenga con su profesor es fundamental. Y es que la neurociencia y los buenos profesores conocen la importancia de los factores emocionales.

  5. cecilia
    5 septiembre, 2014 en 12:46

    Lamentablemente, la educación en Catalunia en general (hay pocas exepciones) no favorece el aprendizaje (pasión por saber y aprender más sobre lo que nos rodea), solo busca números, titulos, robots que obedezcan y tengan la menos creatividad posible en lo que hagan..
    Gracias por tu artículo, esta muy interesante.

  6. Jesús C. Guillén
    7 septiembre, 2014 en 17:35

    Gracias por tus comentarios Cecilia. Lamentablemente, está muy generalizado entre el alumnado el hecho de estudiar para el resultado, con lo que se limita el aprendizaje real. Y ello está provocado, en muchas ocasiones, por la necesidad de cumplir currículos con muchos contenidos descontextualizados que coartan esa creatividad de la que hablas.
    Ahí es donde debe aparecer la aportación a nivel individual del profesor. Y la suma de aportaciones individuales genera una concienciación mayor que es imprescindible para ese cambio de paradigma que requiere la educación.

  7. 4 marzo, 2016 en 9:42

    Muy interesante! El sistema educativo apenas trata de motivar al alumno/a a través de su interés. Si fuera así, estaríamos seguros que los niños/as aprenderán de una forma más eficaz e incluso los niños y niñas con dificultades de aprendizaje podrían adaptarse mejor al ritmo escolar.

  8. Jesús C. Guillén
    5 marzo, 2016 en 18:41

    Totalmente de acuerdo. Un sistema que se preocupa por conocer los intereses particulares del alumnado junto a sus conocimientos previos y capacidades, garantiza un mejor tratamiento a la diversidad en el aula y un aprendizaje global más eficiente.
    Somos optimistas al respecto.

  9. 14 diciembre, 2016 en 22:05

    Me ha gustado mucho tu artículo y debo de decirte que mientras iba leyendo me iba sintiendo cada vez más identificado con tus palabras.

    He visto métodos buenos pero personalmente y voy a simplificarlo mucho.

    La concentración se basa en el interés de la persona.

    El interés de la persona se basa en que una persona se sienta identificado, y entienda lo explicado.

    Independientemente del tema central sobre la concentración pienso que es básico el entender algo para prestar atención y he aprendido muchos métodos de aprendizaje gracias a RAMÓN CAMPAYO (te recomendaría ver alguna de sus conferencias y buscar mínimamente sobre su persona) y debo de decirte que gracias a él aumento muchísimo mi nivel de interés sobre el conocimiento y ansias de aprender. Un saludo y espero poder seguir leyéndote.

    • Jesús C. Guillén
      18 diciembre, 2016 en 22:21

      Efectivamente, suscitar el interés es básico. Al encenderse la chispa emocional prestaremos atención y así se facilitará el aprendizaje. Todo en consonancia con nuestro cerebro plástico y ese sistema de recompensa cerebral asociado a la dopamina que nos permite repetir lo que nos gusta.
      Muchas gracias por los comentarios y por la recomendación de Ramón Campayo.

  10. Leydy Perez
    12 octubre, 2017 en 0:45

    Buenas tardes, Mi nombre es Leydy Perez, Soy de Tachira, Venezuela me encuentro realizando una maestria en Recreacion y mi titulo es La Recreacion como medio para favorecer la atencion en los niños de primer grado, me gustaria saber si me autorizas para tomar tus publicaciones sobre atencion y si es posible me envies mas informacion sobre tus trabajos.. Mi correo es ley_154@hotmail.com espero una pronta respuesta.. Gracias de antemano.

    • Jesús C. Guillén
      16 octubre, 2017 en 17:47

      Hola Leydi. Si sigues el blog (parte superior derecha de la pantalla) te llegarán todos los artículos nuevos publicados. En el apartado de arriba ‘Índice’ encontrarás todo lo que ya hemos publicado y en cada uno de los artículos encontrarás muchas referencias bibliográficas que pueden ayudarte a profundizar en los temas que te interesen. Sin olvidar que en las redes sociales compartimos también muchos materiales diversos que están relacionados con la temática de la neuroeducación. Mucho ánimo con los estudios.

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