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La música: una necesidad cerebral

La música, aunque no sea estrictamente necesaria para la supervivencia de la especie humana, puede contribuir considerablemente a nuestro bienestar físico y mental.

  Blood & Zatorre

La música constituye un lenguaje universal con el que convivimos desde el nacimiento, tiene la enorme capacidad de cambiar  nuestro cerebro activando muchas regiones que intervienen en  procesos motores, emocionales y cognitivos y, seguramente, ha desempeñado un papel esencial en el desarrollo de la naturaleza social del ser humano. Todo ello tiene enormes repercusiones educativas que no se pueden obviar en una escuela con cerebro.

La música, un placer para el cerebro

Aunque en este artículo nos centraremos en el proceso de creación musical que es el que mayor activación cerebral provoca y que conlleva los grandes beneficios cognitivos, escuchar e incluso imaginar la música también afectan de forma notoria a nuestro cerebro.

Cuando se han analizado los efectos de la música que nos resulta agradable sobre el cerebro, se ha comprobado que activa el sistema de recompensa cerebral de forma parecida a como lo hacen estímulos biológicamente relevantes como la comida y el sexo o, de forma artificial, las drogas (Blood y Zatorre, 2001). Así, por ejemplo, tal como podemos comprobar en la figura 1, aumenta la actividad en regiones que intervienen en procesos emocionales (ínsula), cognitivos (corteza orbitofrontal) o motores (cerebelo) y disminuye la actividad en regiones que se encargan de señalar emociones negativas o desagradables (amígdala y corteza prefrontal ventromedial).

Figura 1

Escuchar música resulta placentero porque se libera dopamina y endorfinas que nos hacen sentir bien, lo cual tiene múltiples beneficios terapéuticos: se ha demostrado que puede mejorar el sistema inmunológico en los niños y combatir el estrés en bebés prematuros (Gooding, 2010).

Y es que nacemos con una capacidad extraordinaria para detectar patrones auditivos (las nanas son universales; ver video 2), como se ha comprobado en bebés de 3 meses de edad que ya son capaces de discernir sonidos (Slugocki & Trainro, 2014) que luego la cultura y el aprendizaje irán moldeando de forma natural. Los bebés aprenderán a hablar habiendo escuchado antes los sonidos musicales del lenguaje.

Al tocar un instrumento musical existe una activación rápida y masiva de regiones cerebrales, en especial la corteza visual, la auditiva y la motora. Como consecuencia de la práctica continua, se van produciendo cambios en la estructura cerebral y por eso se ha comprobado que el volumen y la actividad del cuerpo calloso, el cerebelo o regiones concretas de la corteza motora y auditiva del cerebro de los músicos es mayor que en los no músicos. Y estos cambios, como consecuencia de la plasticidad cerebral, también se han comprobado en niños de 6 años de edad con entrenamientos de solo 15 meses de duración (Hyde et al., 2009).

A continuación analizamos algunas evidencias empíricas que demuestran que la educación musical incide positivamente sobre el rendimiento académico y la capacidad intelectual del alumno y mejora las habilidades verbales necesarias para la lectura o la escritura. Esta influencia positiva no está clara en el razonamiento visual espacial y parece no existir en el caso de las matemáticas (Mehr et al., 2013).

Relación entre la educación musical y las tareas escolares

Aprender a tocar un instrumento musical requiere práctica, atención, memoria y buen oído. Todas ellas son capacidades que podrían transferirse a otras áreas y ayudar al alumno a mejorar su rendimiento académico, sin embargo, resulta difícil comprobarlo en la práctica.

Si se observa que los niños que estudian música fuera del horario escolar obtienen mejores resultados académicos, se pueden atribuir estos efectos a la misma música o al hecho de que estos alumnos que tocan el instrumento musical ya tenían una capacidad intelectual superior a la media antes de comenzar dicho aprendizaje. Porque lo que parece claro es que, por lo general, los niños que asisten a clases de música extraescolares pertenecen a familias con un mayor estatus socioeconómico. Lamentablemente, este tipo de consideraciones no siempre son tenidas en cuenta por las investigaciones.

En un estudio en el que participaron 144 niños de 6 años de edad fueron asignados de forma aleatoria a cuatro grupos en los que los alumnos recibían clases de un instrumento de teclado, vocalización, teatro o de ningún tipo (Schellenberg, 2004). Durante 36 semanas los niños asistieron a las clases en pequeños grupos de seis. Al inicio y al final del curso recibido se realizaron unas pruebas que medían la capacidad intelectual del niño y se comprobó que los que intervinieron en los dos primeros grupos obtuvieron mayores mejoras. Y cuando se combinaron los dos grupos musicales se observaron aumentos estadísticamente más significativos que combinando los dos grupos de control (ver figura 2). El autor del estudio sugiere que la mejora del cociente intelectual en los niños como consecuencia de la música, algo que no se ha encontrado en adultos, se debe a la similitud existente entre la formación musical y las actividades escolares porque la mejora de la capacidad intelectual del niño también se da con la asistencia a la escuela (Ceci & Williams, 1997).

Figura 2

En otro estudio más reciente en el que participaron 71 niños con edades comprendidas entre los 4 y los 6 años de edad, se analizaron los efectos de dos programas informáticos: uno para música y otro para artes visuales (Moreno et al., 2011). Después 20 días de entrenamiento, solo los niños asignados aleatoriamente al grupo de música mejoraron su rendimiento en pruebas de inteligencia verbal, en concreto el 90% de los mismos. Asimismo, se observó una mejora de estos niños en una prueba en la que se evaluaba el autocontrol y la atención ejecutiva (ver figura 3), habilidades relacionadas con la capacidad intelectual. Una demostración clara de que la transferencia de capacidades cognitivas a partir del entrenamiento musical es posible en la infancia.

Figura 3

En la práctica, parece ser que la música puede incidir sobre el rendimiento académico general del alumno a través de dos vías: el alumno está más motivado y de esa forma es más fácil que su compromiso académico pueda extenderse a otras materias y la disciplina asociada al tocar un instrumento musical le permite adquirir hábitos mentales relacionados con la atención o la memoria que puede aplicar en otros contextos (Winner et al., 2014).

De la habilidad auditiva a la capacidad lingüística

Existen evidencias empíricas de que la música puede mejorar la lectura a través del desarrollo de las habilidades auditivas, sin olvidar que se trata de un proceso análogo dado que el aprendizaje musical conlleva leer notas y símbolos.

En un metanaálisis de 30 estudios se encontraron efectos positivos sobre las competencias lectoras en los diversos programas de educación musical analizados, muchos de los cuales estaban diseñados específicamente para el aprendizaje de la lectura (Standley, 2008). Según la autora, la influencia de la música en la lectura es mayor cuando se integran las actividades que incorporan habilidades lectoras en la educación musical regular.

Por otra parte, en un interesante estudio longitudinal con 32 niños portugueses de ocho años edad, se quiso analizar si las diferencias funcionales en los cerebros de los músicos respecto a los no músicos se deben a predisposiciones innatas o al efecto del entrenamiento y si este puede mejorar determinadas competencias como la lectora o el procesamiento del tono lingüístico (Moreno et al., 2009). Los niños fueron evaluados inicialmente en diversas medidas cognitivas y cerebrales y luego fueron asignados aleatoriamente a un programa musical o a otro de pintura que duraron seis meses (con dos sesiones semanales de algo más de una hora de duración). En el programa musical se les enseñaba, por ejemplo, a improvisar melodías, crear ritmos en diferentes tiempos o a reconocer tipos de timbre concretos. Para evaluar la capacidad lectora de los niños se les pidió que leyeran en voz alta palabras en las que existe una consonancia entre grafema y fonema (consistente) o palabras que al pronunciarse no derivan del sonido de los fonemas (inconsistente). En la evaluación final del estudio se comprobó que los niños que participaron en el programa de música mejoraron, a diferencia de los del grupo de pintura, la lectura de las palabras inconsistentes y la detección de la incongruencia de los tonos finales (ver figura 4). Los resultados revelaron que la enseñanza musical incide en la mejora de la conciencia fonológica y en el proceso de decodificación de las palabras, algo de lo que se pueden beneficiar todos los alumnos en el aprendizaje de la lectura y la escritura, incluidos los niños disléxicos. Como demostraron los análisis electrofisiológicos, la plasticidad cerebral es capaz de generar grandes cambios en la organización funcional de los cerebros de los niños en periodos de tiempo cortos.

Figura 4

Música en el aula

Es una realidad que a los alumnos les gusta más la música fuera del entorno escolar que la que se puede impartir dentro del mismo. En un estudio en el que se analizó la motivación de más de 3000 alumnos estadounidenses en todo el rango de la educación primaria, se comprobó que aquellos que estudian música tienen un mayor interés por esta materia en la escuela y por gran parte del resto de asignaturas que aquellos que no reciben educación musical fuera del horario escolar (McPherson & Hendricks, 2010). Sin embargo, en general, los alumnos manifiestan un interés por la música fuera de la escuela muy superior al que muestran dentro de la misma. Los autores de este estudio sugieren que, para mejorar el interés que despierta esta materia entre los alumnos, se debería promover una mayor autonomía en el aprendizaje musical sin hacer tanto hincapié en el proceso calificador del aprendizaje, algo que sin duda debería generalizarse al resto de materias. Qué triste que una actividad tan placentera como la musical y que conlleva grandes beneficios cognitivos se convierta en algo tedioso por las imposiciones de un currículo muchas veces alejado de la realidad.

Tal como analizamos en un artículo anterior sobre los beneficios de las artes en general (¿Por qué el cerebro humano necesita el arte?), una forma de mejorar la percepción del alumno sobre la utilidad de la música es integrarla de forma natural en las diferentes materias curriculares. Así, por ejemplo, se puede utilizar música relajante cuando el alumno está realizando un examen, resaltar los hechos más significativos de un suceso histórico cambiando la letra de una melodía popular o estudiar poesía a ritmo de rap. Y es que difícilmente podemos pedir a nuestros alumnos que sean creativos si nosotros no hacemos el esfuerzo por serlo.

 Utilizar la música en el aula, entre otras muchas cosas, puede facilitar el aprendizaje, como sucede al aprender las letras del alfabeto con una canción, llenar de energía al grupo, proporcionar relajación tras un estado de estrés, estrechar los vínculos de amistad entre los compañeros, estimular la creatividad o motivar al alumnado para seguir perseverando ante una tarea (Jensen, 2009). Pero, evidentemente, hay que tener en cuenta qué tipo de tarea se va realizar en la práctica y qué tipo de música puede ser más adecuada para acompañarla y colaborar en el proceso de aprendizaje, que es lo verdaderamente importante.

Sousa (2011) propone algunas pautas que deberían tenerse en cuenta para utilizar la música en el aula:

  • Se puede utilizar en cualquier fase del aprendizaje: antes de comenzar la clase, al finalizarse, cuando los alumnos se están moviendo o cuando están realizando sentados una actividad. No es recomendable utilizarla durante la exposición del profesor (salvo que forme parte de la unidad didáctica) porque puede distraer.
  • Ten en cuenta el tempo de la música: una música de fondo que facilite el trabajo del alumno puede estar en torno a 60 ppm, si se necesita una para relajar entre 40 y 50 ppm, pero si se requiere música para insuflar energía entre 80 y 90 ppm puede ser lo más adecuado.
  • ¿Con o sin letra?: eso dependerá de la actividad. Para establecer un determinado estado de ánimo al final de la clase, la música puede tener letra pero si los alumnos están realizando una tarea que requiere concentración, la letra puede ser una fuente de distracción.
  • ¿Música conocida o no?: eso también dependerá de la elección de la actividad. Si se quieren suscitar emociones positivas una melodía conocida puede resultar beneficiosa pero cuando se está trabajando en una tarea específica mejor que no lo sea.
  • Que participe el alumno en la elección: dejar a los alumnos que aporten ellos la música, siempre que la selección cumpla los criterios establecidos, es una estupenda forma de generar un clima emocional positivo en el aula.

Como ocurre con otras actividades, la utilización de la música en el aula es un proceso que requiere el debido tiempo para que los alumnos, y también el profesor, se vayan acostumbrando.

Conclusiones finales

Cuando los niños aprenden a tocar un instrumento musical mejoran, a través de la práctica, la disciplina, la concentración, la memoria o la capacidad auditiva que son destrezas que pueden ser muy útiles en otro tipo de aprendizajes, incidiendo de esta forma en su rendimiento académico general. Aun siendo esto importante, todavía lo es más el hecho de que, durante miles de años, la música ha servido para forjar vínculos sociales tan arraigados en nuestra naturaleza humana. Porque la música activa áreas en el cerebro que nos sirven para captar las emociones de los demás que son imprescindibles para la comunicación y el aprendizaje por imitación que ha posibilitado nuestro enorme desarrollo a los seres humanos. Y de esta forma, el lenguaje musical, como no puede manipularse como tantas veces lo hacen las palabras (ver video 3), constituye una forma de comunicación esencial que necesitamos porque  nos hace más felices. O si se quiere, la música es una auténtica necesidad cerebral.

Jesús C. Guillén

Referencias:

  1. Blood A. J. & Zatorre R. (2001): “Intensely pleasurable responses to music correlate with activity in brain regions implicated in reward and emotion”. PNAS 98 (20), 11818-11823.
  2. Ceci, S.J., & Williams, W.M. (1997): “Schooling, intelligence and income”. American Psychologist, 52, 1051-1058.
  3. Gooding, L. F. (2010): “Using music therapy protocols in the treatment of premature infants: An introduction to current practices”. The Arts in Psychotherapy 37, 211-214.
  4. Hyde K.L. et al. (2009): “Musical training shapes structural brain development”. The Journal of Neuroscience 29(10), 3019 –3025.
  5. Jensen, Eric (2009). Super Teaching: over 1000 practical strategies. Corwin.
  6. McPherson G. E. & Hendricks K. S. (2010): “Students’ motivation to study music: The United States of America”. Research Studies in Music Education 32(2), 201-213.
  7. Mehr S.A. et al. (2013): “Two randomized trials provide no consistent evidence for nonmusical cognitive benefits of brief preschool music enrichment”. PLoS ONE 8(12).
  8. Moreno, S. et al. (2009): “Musical training influences linguistic abilities in 8-year-old children: More evidence for brain plasticity”. Cerebral Cortex 19(3), 712-723.
  9. Moreno, S. et al. (2011): “Short-term music training enhances verbal intelligence and executive function”. Psychological Science 22(11), 1425-1433.
  10. Schellenberg, E. G. (2004): ”Music lessons enhance IQ”. Psychological Science, 15(8), 511-514.
  11. Slugocki C. & Trainor L.J. (2014): “Cortical indices of sound localization mature monotonically in early infancy”. European Journal of Neuroscience 40, 3608–3619.
  12. Standley J. M. (2008): “Does music instruction help children learn to read? Evidence of a meta-Analysis”. Update: Applications of Research in Music Education 27, 17-32.
  13. Sousa, David A. (2011). How the brain learns. Corwin.
  14. Winner, E., T. Goldstein y S. Vincent-Lancrin (2014). ¿El arte por el arte? La influencia de la educación artística. OECD Publishing.

Categorías:Neurodidáctica Etiquetas: , ,
  1. GUILLERMO ROMULO SALINAS TALAVERA
    13 julio, 2015 en 1:42

    Será por estas razones que la musicoterapia está tomando mucha importancia?

    • Jesús C. Guillén
      14 julio, 2015 en 0:09

      Seguro que sí Guillermo. Qué mejor terapia que la musical que permite activar tantas regiones cerebrales distintas que intervienen en procesos emocionales, cognitivos o motores con la correspondiente liberación de dopamina y de endorfinas que nos hacen sentir bien.

  2. LOURDES ELIZABETH FLORES RAMIREZ
    13 julio, 2015 en 16:13

    Es una belleza cerebral me encantan estos contenidos los reelere varias veces y los pondre en practica con mis estudiantes soy docente y por favor Sigan no se detengan y Nuestro Creador dira:” No en vano le dí cerebro al hombre”

    • Jesús C. Guillén
      14 julio, 2015 en 0:11

      Muchas gracias Lourdes. Esperemos que se mantenga la energía y el entusiasmo necesario que nos permitan analizar cuestiones que creemos que pueden beneficiar las prácticas educativas.

  3. Mila
    17 julio, 2015 en 17:45

    Muy interesante Jesús y muchas gracias por acordarte de los bebés en tu artículo. El sentido del oído está plenamente desarrollado desde el nacimiento, lo cual hace de la música un recurso fundamental en el trabajo diario con los niños de 0 a 3 años. Además de contribuir a crear el clima emocional adecuado para cada aprendizaje, nos ayuda a hacer más fluidas las transiciones entre actividades, los cambios de espacio y las rutinas básicas como alimentación, aseo y descanso. Por ejemplo hemos observado que los cantos gregorianos son “mágicos” para inducir el sueño en las aulas de bebés.
    El hecho de utilizar la música como recurso para esos momentos de transición y rutinas, hace que podamos huir de las órdenes directas ya que los niños asocian la música a la acción y les permite anticiparse, lo cual además contribuye al desarrollo de la auto-confianza. Introduciendo el ritmo posibilitamos la imitación y la repetición de patrones de movimiento, activando respuestas motoras que implican a todos los sentidos (sobre todo los ocultos: vestibular y propioceptivo) y favoreciendo el desarrollo neuro-senso-psicomotor.
    Efectivamente estamos de acuerdo en que se deben tener en cuenta ciertas pautas. A veces observamos un uso (y un abuso) indiscriminado de la música en estas etapas. Es frecuente ver que en las aulas de 1er ciclo de infantil la música se transforma simplemente en ruido de fondo, a veces a un nivel demasiado elevado, lo cual dificulta enormemente tanto la comunicación como el aprendizaje ya que el niño está sometido a una sobreestimulación a nivel auditivo, obviando el equilibrio sensorial y el nivel de activación necesarios para conseguir un clima óptimo de aprendizaje.

  4. Jesús C. Guillén
    22 julio, 2015 en 22:02

    Gracias Mila por compartir tus experiencias personales en esa franja de edad tan importante de 0 a 3 años. Y es que en la práctica, para optimizar el aprendizaje, muchas veces solo hay que utilizar el llamado sentido común que, lamentablemente, suele ser el menos común de los sentidos.

  5. Rosa Peña Duarte
    6 agosto, 2015 en 14:42

    Cuando en mis clases de lectura en el CRA de la Escuela, incorporo la música inmediatamente veo en los niños una disponibilidad importante a recibir la actividad con mayor placer e interés.
    Si a la lectura de una poesía le agregamos música al final de la clase los niños difícilmente la podrán olvidar, porque la poesía también tiene ritmo, esa cadencia que los hace moverse. (Maria Elena Walsh nos invita a musicalizar los poemas)Si los espero al principio de mi clase con música absolutamente predispongo el animo, la voluntad,la alegría, en ellos y en mi por supuesto. Tu valioso blog no ha hecho otra cosa mas que reafirmar en mi la importancia de la música en la educación de los niños. ¡Que privilegio poder leer temas tan interesantes como este gracias a tu iniciativa y generosidad!

    • Jesús C. Guillén
      7 agosto, 2015 en 22:41

      Muchas gracias Rosa por compartir esas bonitas experiencias en el aula que corroboran lo importante que es en la práctica analizar y evaluar la incidencia de la enseñanza en el aprendizaje de los alumnos. Y las estrategias que inciden en los factores emocionales, como en este caso la música, son imprescindibles.

  6. Charlie lucero
    17 febrero, 2016 en 15:48

    La ciencia como tal nos da generosamente herramientas para la construcion de sociedades eficases dignas de auténticos seres humanos..gracias.

    • Jesús C. Guillén
      18 febrero, 2016 en 19:04

      Ese es el intento de este blog: acercar la ciencia a la educación para poder mejorarla y con ello mejorar la sociedad haciéndola más justa y compasiva. Con optimismo y entusiasmo los objetivos son siempre más fáciles de alcanzar. Gracias Charlie.

  7. Yamilet
    18 marzo, 2016 en 18:46

    Muy interesante los artículos. He visitado el blog y me ha gustado. Con mucho gusto comparto. Gracias. Saludos.

    • Jesús C. Guillén
      20 marzo, 2016 en 22:14

      Encantados de que te gustara el blog Yamilet. Seguimos compartiendo información en el futuro y divulgando sobre aspectos relevantes de la neuroeducación. Todos aprendemos en el proceso.

  8. 21 junio, 2016 en 12:06

    Reblogueó esto en Desde mi Salón.

  9. Eduardo
    4 enero, 2017 en 23:45

    Me gusto el reportaje. Los datos son interesantes y así como mencionas que, lamentablemente, la mayoría de los niños que estudian un instrumento son de familias acomodadas por decirlo de una manera; la mayoría de los estudios y estadísticas están fundamentadas en ciudades de Estados Unidos y Europa pero no con datos de América Latina.

    Sería interesante ver los resultados en México por ejemplo que es de donde soy yo. También es cierto como es que, los sistemas educativos en América por lo menos, tienden a quitarle la libertad a lo artístico al hacerlo sujeto de evaluación. Sé que, por los estandares de calidad, para que algo sea mejorado debe de ser medible y cuantificable. Sin embargo, debería de haber otros estandares para calificar una clase de artísticas y no tanto el 10 o el 6 o una A y una D…

    • Jesús C. Guillén
      9 enero, 2017 en 23:54

      Hola Eduardo. Muy interesante lo que planteas. Extrapolar las investigaciones a otros contextos socioculturales es una cuestión interesante, también para los investigadores.
      En cuanto a restringir la evaluación de la educación artística -y de la educación, en general- a la calificación es algo muy generalizado, lamentablemente, y que limita realmente el aprendizaje. Esperemos que con el tiempo lo podamos superar.

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