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La resiliencia en la escuela: aprendiendo a vivir

En la medida de lo posible, el bienestar debería enseñarse en la escuela porque sería un antídoto contra la incidencia apabullante de la depresión, una forma de aumentar la satisfacción con la vida y una ayuda para aprender mejor y practicar el pensamiento creativo.   Martin Seligman

La resiliencia

Cuenta Boris Cyrulnik, el niño huérfano que huyó de un campo de concentración nazi a los seis años de edad y que acabó convirtiéndose en un prestigioso neurólogo y psiquiatra, la historia de un chico pelirrojo dócil pero fuerte, al que le habían diagnosticado esquizofrenia. El chico vivía en los barrios bajos de Tolón, en dos habitaciones lúgubres en pisos diferentes. En una de ellas vivía su abuela que estaba enferma de cáncer y, en la otra, su padre alcohólico junto a un perro. El muchacho se ocupaba de las tareas domésticas, compraba, daba de comer a sus familiares y también estudiaba. Un día que cambió su vida, un profesor de lenguas exóticas le invitó a una cafetería para hablarle sobre un programa cultural. Poco antes de los exámenes finales del bachillerato, el chico pelirrojo comentó a Cyrulnik: “Si tengo la desgracia de aprobar no seré capaz de abandonar a mi familia”. Poco tiempo después, el padre murió atropellado al perseguir al perro que se había escapado de casa y la abuela falleció en el hospital. Posteriormente, el chico pelirrojo se convertiría en un experto sobre lenguas orientales que le permitiría conocer gran parte del mundo (Cyrulnik, 2002).

Aunque el perro no se hubiera escapado de casa, seguramente el chico habría aprobado los exámenes y, aunque no hubiera llegado a la Universidad, mantendría ciertos rasgos resilientes. Y en eso consiste la resiliencia, en la capacidad que tenemos para soportar la frustración y superar las adversidades que nos plantea la vida saliendo fortalecidos de las mismas. Una puerta abierta a la esperanza que huye de determinismos y que posibilita el cambio.

La resiliencia en la escuela

Tradicionalmente, en la escuela ha predominado la detección de defectos (dichoso bolígrafo rojo) en lugar de la identificación de fortalezas, sobre todo a nivel estrictamente académico. Pero para promover la resiliencia se han de favorecer climas emocionales positivos y optimistas en los que el alumno se sienta seguro y responsable, sin estar ello reñido con la debida exigencia. Esta escuela resiliente proactiva ha de contar con docentes que sepan acompañar el proceso de evolución personal de sus alumnos y que acepten y sepan gestionar la diversidad y la complejidad de las relaciones entre los distintos colectivos (profesores, alumnos o familias).

La resiliencia se trata de un aprendizaje que puede darse durante  toda la vida y, más allá de las particularidades de cada uno, todos podemos aprender a ser resilientes. Y de la misma forma, todos los niños, independientemente de que estén inmersos en problemas o no, pueden beneficiarse de los programas educativos que promuevan la resiliencia, capacidad imprescindible no sólo para el desarrollo exitoso del alumno sino también del docente.

La base cerebral de la resiliencia

Las investigaciones han demostrado que la mayor capacidad para sobreponerse a la adversidad proviene de una mayor activación de la región izquierda de la corteza prefrontal respecto a la región derecha. Una persona resiliente puede llegar a activar hasta treinta veces más su región prefrontal izquierda que otra con baja resiliencia (Davidson, 2012). Además, las personas que se recuperan rápidamente de las adversidades muestran conexiones más fuertes (más materia blanca) entre la corteza prefrontal y la amígdala (ver figura; Davidson, 2012). La corteza prefrontal atenúa las señales emitidas ligadas a las emociones negativas de la amígdala y, de esta forma, permite al cerebro planificar sin la distracción de las emociones negativas (Kim y Whalen, 2009).

Via corteza prefrontal amígdala

Y no hemos de olvidar que el desarrollo de las funciones ejecutivas está ligado al proceso neurocognitivo de maduración del lóbulo frontal que se alarga más allá de la adolescencia.

Análisis de la resiliencia en el aula

Propusimos una adaptación del test de resiliencia de Davidson (Davidson, 2012) a 45 alumnos que estudian el bachillerato de ciencias (Test). Siguiendo el sistema de puntuación que aparece en el documento, las puntuaciones mayores que siete sugieren que uno es lento en recuperarse, mientras que si la puntuación obtenida es menor que tres, ello indica que la persona tiene una resiliencia alta, es decir, se recupera con facilidad. Los resultados obtenidos fueron los siguientes:

Test de resiliencia

La interpretación del gráfico anterior nos permite deducir que una mayoría del alumnado (64%) se encuentra en un perfil de resiliencia medio-alto (entre 0 y 3 puntos). Estos resultados indican que, en general, el grupo tiene una resistencia alta pero para superar retos concretos ha de ser complementada por la motivación adecuada. Y no hemos de olvidar que una resiliencia excesivamente alta (0 puntos) puede ser indicativa de que el alumno no está motivado y ante cualquier revés actúe con cierta ligereza.

En el extremo opuesto, encontramos dos alumnos con una puntuación (8 puntos) en el rango de resiliencia baja. Ello indica que deberemos ser especialmente cuidadosos en la interacción diaria con estos alumnos y, sobre todo, en la interpretación de los resultados académicos. Si siempre debe existir una visión positiva y optimista sobre la evolución del alumno, en estos casos todavía más.

Ese cuestionario también puede ser respondido por alguien cercano al alumno, dado que muchas veces estas personas pueden ver con más claridad cómo somos realmente. Además, como suele pasar en este tipo de tests,  son los extremos de la evaluación los que nos deben suministrar información relevante, pero ésta debe complementarse con la obtenida a través del contacto con el alumnado que nos suministra el día a día.

Cultivando la resiliencia

A continuación, enumeramos algunos factores que creemos que debemos fomentar en el proceso de construcción de la resiliencia en el aula. Aunque se puede utilizar la hora destinada a la tutoría para realizar actividades para mejorar la resiliencia, cualquier oportunidad es válida para impulsar este proceso y esto se puede dar en cualquier asignatura. Y como ya comentamos anteriormente, el beneficio será general, independientemente de que el alumno se encuentre ante una adversidad o no. 

  • Siempre positivos. Tradicionalmente la educación se ha restringido a detectar y remarcar los aspectos negativos del alumnado (el subrayado con bolígrafo rojo que comentábamos antes) en detrimento de los positivos. Pues bien, una educación orientada a mejorar la resiliencia tendría que optimizar las fortalezas y virtudes del alumno que le permitan adoptar una actitud positiva. Independientemente de los condicionamientos genéticos, se puede aprender a ser más optimista e interpretar las dificultades como retos. De lo contrario, las creencias negativas pueden condicionar el aprendizaje adecuado.
  • En la clase se ha de respirar seguridad. El profesor ha de generar en el aula un clima emocional positivo y seguro que permita al alumno sentirse respetado, apoyado y querido. La puerta abierta a la esperanza que supone la plasticidad cerebral ha de generar siempre en el docente expectativas positivas sobre sus alumnos (efecto Pigmalión positivo). Además, los alumnos no han de ser meros elementos pasivos del aprendizaje, sino que han de ser protagonistas del mismo y han de participar en las decisiones que se tomen en el aula.
  • Las relaciones siempre sanas. Hemos de fomentar las relaciones entre compañeros en las que predominen la comunicación, el respeto, la empatía y la cooperación, en detrimento de la competición. Cuando se da importancia a estos aspectos socioemocionales, que por otra parte son imprescindibles en la formación del ciudadano del mañana, y se fomenta el trabajo colaborativo, es más sencillo resolver los conflictos que puedan surgir y se facilita aprendizaje. Nuestro cerebro es social y la promoción de la resiliencia es una tarea colectiva (Forés y Graells, 2008).
  • El cambio es posible. Como la vida constituye un proceso de transformación continuo, en el aula hemos de aceptar y suscitar un pensamiento crítico y creativo que permita visualizar nuevas posibilidades. Las ideas novedosas y diferentes facilitan el progreso y abren un mundo lleno de esperanza.
  • Todos nos equivocamos. Cuando se asume con naturalidad que el error forma parte del proceso de aprendizaje, aprendemos a tomar decisiones con determinación. Se disfruta el proceso y no nos afecta negativamente el no obtener un determinado resultado porque sabemos que el análisis de la situación nos permitirá mejorar.
  • Fomentemos la autonomía. El alumno ha de aprender a ser autónomo y saber distanciarse de opiniones negativas que le puedan perjudicar. Para ello es imprescindible su mejora en la autorregulación emocional y, en concreto, es muy importante la técnica del autorrebatimiento que permite, mediante el diálogo interno, analizar y relativizar el sentimiento provocado por una emoción negativa. La mejora del autocontrol ayuda en la lucha contra el tan temido estrés crónico (Lantieri, 2009).
  • ¡Sonríe, por favor! Cuando somos capaces de relativizar las situaciones con sentido del humor, mejora nuestro bienestar. Aunque es difícil demostrar que el humor tiene beneficios terapéuticos, sí podemos afirmar que mejora la resiliencia de las personas y ayuda a disfrutar más de la vida (Forés y Grané, 2012). El docente que entra en el aula con una sonrisa natural tendrá más posibilidades de generar un clima emocional positivo y facilitar así el aprendizaje.

La teoría en la práctica

Para alcanzar la resiliencia, en particular, y la madurez emocional, en general, es imprescindible un cambio de mirada que nos permita reemplazar los pensamientos negativos por positivos. Pues bien, el padre de la nueva Psicología Positiva, Martin Seligman, ha dirigido el Programa de Resiliencia de Penn aplicado en institutos de secundaria, cuyo principal objetivo es el de aumentar la capacidad de los estudiantes para enfrentarse a los problemas cotidianos habituales durante la adolescencia. Los resultados analizados indican que el programa enseña a los estudiantes a ser más realistas y flexibles ante los problemas surgidos, a tomar mejores decisiones, a ser asertivos y, además, reduce y previene la ansiedad, la depresión y los problemas conductuales en los jóvenes (Seligman, 2012).

A continuación, presentamos tres actividades que pueden realizarse en el aula para mejorar la resiliencia:

1) Las tres cosas buenas

El propio Seligman nos aporta un ejercicio utilizado en el plan de estudios de su programa de resiliencia. Se indica a los estudiantes que escriban todos los días tres cosas buenas que les haya sucedido durante una semana, aunque tengan poca importancia. Al lado de cada comentario positivo han de responder a las siguientes preguntas: “¿por qué pasó esta cosa buena?”, “¿qué significa para ti?”, “¿qué puedes hacer para que esta cosa buena se repita en el futuro?” (Seligman, 2012).

2) Superando dificultades

Cada alumno debe elegir un tema que le preocupe y ha de describirlo en pocas líneas. Cada alumno expone su caso y entre todo el grupo se escoge una de las situaciones para trabajar. Se van analizando las dificultades expuestas por el alumno para, entre todo el grupo, encontrar las reacciones más adecuadas y efectivas para superar la dificultad (Güell, Muñoz, 2010).

3) El cine y la resiliencia

Se elige una película que haga referencia a situaciones duras de la vida que se superaron con la actitud adecuada y se analiza . No necesariamente ha de ser una gran película, pero sí ha de permitir el análisis de una determinada situación práctica útil y significativa. Como ejemplo, podemos poner Manos milagrosas: la historia de Ben Carson (Carter, 2009) que relata sin grandes artilugios la vida de Ben Carson, un niño afroamericano  que se crió en los suburbios de Detroit sin grandes esperanzas (a priori) y que, con el esfuerzo de una madre resiliente, acabó siendo uno de los mejores neurocirujanos del mundo.

Conclusiones finales

Como nos explica Cyrulnik en la historia inicial, la superación de una adversidad requiere el encuentro con una persona significativa, por lo que hablar de resiliencia a nivel individual no es adecuado, sino que hemos de hablar de un proceso en el que el niño, el alumno o la persona va creando la resiliencia  a través de su evolución. Desde la perspectiva educativa, la escuela resiliente se ha de caracterizar  por brindar apoyo y afecto (Henderson, Milstein, 2005), pero nuestra responsabilidad reside en cómo afrontamos los problemas, no en los problemas mismos que nos surgen. La aplicación de las premisas que aporta la nueva Psicología Positiva para el desarrollo del bienestar, resulta imprescindible en los entornos socioeducativos resilientes, dentro de un marco de educación emocional global que se nos antoja tanto o más importante que la educación estrictamente académica o conceptual que a menudo se imparte. Desde esta perspectiva optimista, la escuela se impregna de esperanza, alegría, altruismo o creatividad y colabora en el proceso de formación de personas íntegras y felices. Anna Forés y Jordi Grané lo resumen muy bien (Forés y Grané, 2008): “La resiliencia es más que resistir, es también aprender a vivir”.

Jesús C. Guillén

 

Bibliografía:

1.Cyrulnik, Boris, Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida. Gedisa, 2002.

2.Davidson, Richard, Begley, Sharon, El perfil emocional de tu cerebro, Destino, 2012.

3.Forés, Anna, Grané, Jordi, La resiliencia, crecer desde la adversidad, Plataforma, 2008.

4.Forés, Anna, Grané, Jordi, La resiliencia en entornos socioeducativos, Narcea, 2012.

5.Güell, M., Muñoz, J.(Coord.), Educación emocional. Programa para la educación secundaria postobligatoria, Wolters Kluwer, 2010.

6.Henderson, Han, Milstein, Mike, Resiliencia en la escuela, Paidós, 2005.

7.Kim, M. y Whalen, P.:”The structural integrity of an amygdale-prefrontal pathway predicts trait anxiety”. Journal of Neuroscience, 29 (2009).

8.Lantieri, Linda, Inteligencia emocional infantil y juvenil, Aguilar, 2009.

9.Seligman, Martin, La vida que florece, Ediciones B, 2011.

Para saber más:

Entrevista a Boris Cyrulnik: http://vimeo.com/14062317

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  1. 28 octubre, 2013 en 8:20

    Reblogueó esto en Centro Psicología Atlas.

  2. 8 noviembre, 2013 en 0:01

    Buenas noches:

    Soy Mabel Chocobar y estoy interesada en trabajar mi tesis de Psicopedagoga con el tema los estilos de enseanza y de aprendizaje a la luz de las neurociencias.

    Mi directora de tesis me confirma que no podr continuar guindome. Me preguntaba si podran aconsejarme a alguien y si reside en Salta seria mucho mejor.

    Desde ya muchas gracias.

    El 20 de octubre de 2013 19:00, Escuela con cerebro escribi:

    > escuelaconcerebro posted: “En la medida de lo posible, el bienestar > debera ensearse en la escuela porque sera un antdoto contra la > incidencia apabullante de la depresin, una forma de aumentar la > satisfaccin con la vida y una ayuda para aprender mejor y practicar el > pensamient”

    • Jesús C. Guillén
      10 noviembre, 2013 en 22:34

      Hola Mabel. Desgraciadamente, no te podemos ayudar en ese sentido dado que residimos en España. Sin embargo, podrías contactar con la Asociación Educar y ellos te facilitarán contactos directos en Argentina. Ánimo y que no decaiga la ilusión.

  3. Escritura terapéutica
    10 noviembre, 2013 en 20:15

    Maravilloso blog. Gracias por compartir vuestra sabiduría. Os dejo un enlace que os puede interesar.

    http://www.edesclee.com/products.php/ISBN9788433026767/cP,8/new

    • Jesús C. Guillén
      10 noviembre, 2013 en 22:42

      Gracias a vosotros por compartir información y conocimiento a través de vuestros libros y, en este caso particular, por mostrar los beneficios terapéuticos de la escritura. Muy interesante.

  4. 12 diciembre, 2013 en 10:07

    excelente blog. gracias por compartir tus conocimientos. Seguro que,entre todos, la educación irá cambiando

  5. Jesús C. Guillén
    12 diciembre, 2013 en 10:26

    Gracias a ti, Ramón. El blog lo conformamos todos y ese ha de ser el reflejo de la educación, una educación por y para todos.

  6. 13 enero, 2014 en 11:37

    hermosa pagina soy docente de nivel inicial,,y leer esto me indica que no estoy tan equivocada …todos los dias les enseño a mis alumnos que para aprender debemos hacerlo con alegria…gracias..

  7. Jesús C. Guillén
    13 enero, 2014 en 21:54

    Gracias a ti Zul. Aunque en ciencia no existen dogmas, la práctica diaria nos dice que los climas emocionales positivos en los que los alumnos se sienten seguros, respetados y queridos facilitan su evolución, tanto académica como personal. Y para que se dé ese auténtico aprendizaje, el entorno ha de estar impregnado de optimismo y entusiasmo. Así todo es más fácil y menos aburrido. ¡Que se activen las neuronas espejo!

  8. Rochi
    1 junio, 2014 en 1:56

    Hola, otro interesante artículo, muy claro e ilustrativo. La resiliencia se puede motivar desde el lugar que nos toca vivir y la podemos aplicar en todo nuestro entorno, fomentar ambientes resilientes!!!! Que maravilloso y transformador concepto!!!!Gracias!!!

  9. Jesús C. Guillén
    3 junio, 2014 en 15:54

    Muchas gracias Rochi por los comentarios. Lo cierto es que, cada vez más, comprobamos la necesidad de implementar técnicas en el aula que permitan a los alumnos ser personas más resilientes. Los procesos educativos socioemocionales requieren tiempo, pero son absolutamente imprescindibles.

  10. teresa
    19 febrero, 2015 en 14:28

    Hola,soy una madre cuyas experiencias personales hacen que comparta los criterios pedagógicos de la enseñanza pro_activa.Sin desmerecer el trabajo y esfuerzo de algunos profesores,creo que el profesor de secundaria debería ser un profesional especializado en trato a adolescentes y con metodología actual.
    Me gustaria saber dónde se aplica esta enseñanza pues estaría dispuesta a desplazarme.Mi hija necesita recuperar la confianza en sí misma,ha sido víctima de un sístema,dónde el talento se destruye y se centra en una dinàmica de valoración por notas,horarios que generan estréss y van contra natura del que demanda la fisiología de un
    adolescente.El fracaso escolar es el fracaso de comunicación de padres y profesores que al no conseguir resultados,sus fustracciones las proyectan negativamente e influyen en el autoconcepto del alumno_hijo.
    Creo por experiencia propia que lis responsables son adultos.Gracias les felicito,espero puedan orientarme quiero ayudar a mi hija.Teresa.

  11. Jesús C. Guillén
    20 febrero, 2015 en 16:25

    Hola Teresa. Está claro que los nuevos tiempos requieren nuevas estrategias.
    En mi opinión, existen muchos centros que tienen un gran prestigio como consecuencia de los buenos resultados académicos de sus alumnos en pruebas externas. Pero, ¿eso es el reflejo de la buena Educación? Yo creo que no.
    El buen profesor no es el que permite a sus alumnos mejor adaptados al sistema obtener grandes resultados académicos sino el que es capaz de hacer mejorar a los alumnos que tienen dificultades o están desmotivados. Y, a parte de eso, no tengo claro que se valore lo suficiente el esfuerzo ni la progresión individual. Si solo tenemos en cuenta el resultado de un examen estamos calificando (no evaluando el aprendizaje) en un momento puntual y de una forma muchas veces subjetiva.
    En el aula ha de existir un clima emocional positivo y seguro en el que se asume con naturalidad el error, se fomenta el aprendizaje participativo, se suministran retos adecuados, se intenta atender la diversidad en el aula y en donde existen siempre, por parte del profesor, expectativas positivas (las etiquetas han hecho y siguen haciendo mucho daño). Y un buen centro educativo debería aplicar e implementar programas de educación socioemocional en el aula porque sabe cuáles son sus beneficios tanto académicos como personales y porque el objetivo debería ser el de formar personas íntegras y felices. Hay que conocer los estudios recientes al respecto.
    Las investigaciones demuestran que el factor determinante sobre el aprendizaje son las expectativas del alumno, es decir, sus creencias sobre su propia capacidad o su rendimiento académico (muchas veces condicionadas por experiencias previas negativas) de ahí la importancia de incidir en las mismas tanto desde la perspectiva individual como de la colectiva en el aula.
    ¿En qué centros se tienen en cuenta estas cuestiones de forma prioritaria? Estoy seguro que en muchos, tanto públicos como privados, aunque su elección es muy personal, inciden muchas variables en la misma y, por supuesto, el tema educativo es tan complejo y diverso que no es posible contentar a todo el mundo por igual. Aunque creo que cualquier centro que sabe analizar y justificar la adopción de metodologías pedagógicas innovadoras desde una perspectiva flexible (si un método no hace aprender al alumno hay que cambiarlo, no incidir en el mismo) hay que tenerlo en cuenta.
    El tema que planteas es complicado Teresa. Pero sed optimistas y seguro que mejorareis la situación. Ánimo.

    • teresa
      21 febrero, 2015 en 2:38

      Gracias por su respuesta y el interés.
      Pero quiero encontrar esa escuela proactiva,a ese equipo que trabaje con material sensible y real,que pueda ayudar a mi hija,a confiar y aplicar el método adecuado y personal que necesita.El instituto dónde va le quita la esperanza en ella misma.Un ejemplo de comentario de su orientadora es que es una gandula.Mi hija ha sido diagnosticada con rasgos depresivos y ansiosos,es una niña con mucho talento creativo y coeficiente alto,pero desconocida y desacreditada solo por las notas.Me gustaría encontrar un centro en España que apoyara su talento ,comprendo que no pueda recomendar ninguno,por supuesto sería mi responsabilidad,pero sería de gran ayuda conocer algunas referencias dónde se aplique la resilencia ,y la enseñanza proactiva.Muchas gracias de una madre preocupada noya por el futuro de su hija sino por encontrar un ambiente pedagogico sano.

  12. Antonio Pérez V
    27 marzo, 2015 en 22:39

    Magnífico documento, gracias.

    • Jesús C. Guillén
      27 marzo, 2015 en 23:50

      Gracias a ti Antonio por los comentarios. Seguimos compartiendo información para intentar mejorar entre todos la Educación.

  13. Licet Hernandez
    3 febrero, 2016 en 13:08

    Gracias por compartir este espectacular tema como es el cerebro que me encanta y más sobre la infuencia de la Resiliencia en el cerebro de las persona especialmente los más pequeños o jovenes voy a comenzar un estudio al respecto y me sirvió de mucho me ayudo entender mejor.Gracias…

    • Jesús C. Guillén
      4 febrero, 2016 en 20:46

      Muchas gracias Licet por los comentarios. Lo cierto es que la resiliencia es una cuestión que se ha de trabajar también en el aula, y más desde una perspectiva neuroeducativa que asume un aprendizaje basado en competencias.
      Boris Cyrulnik, uno de los grandes referentes mundiales, nos visitará próximamente. Por si quieres encontrar información complementaria:
      http://www.fbofill.cat/persona/cyrulnik-boris

  14. Eduardo Ganeau
    9 octubre, 2017 en 15:37

    Jesús, en mi experiencia, el desarrollo de resiliencia debería hacerse en buena forma al revés. Le diría que el artículo parece dirigido a no desarrollarla.
    En sintesis, la resiliencia se fortalece según el viejo lema: “lo que no mata, fortalece”.
    Los pueblos fuertes y que se desarrollan más aceleradamente son los que más han sufrido.

    • Jesús C. Guillén
      16 octubre, 2017 en 17:41

      Hola Eduardo. Está claro que no existen recetas mágicas, pero lo que nos interesa a nosotros es trabajar en educación este tipo de competencias emocionales conociendo cuáles son las evidencias empíricas que respaldan los programas.
      Programas de resiliencia como el Pen aplicados a adolescentes -u otros similares aplicados en otros contextos, como el militar-, que tienen como objetivo incrementar la capacidad para enfrentarse a los problemas cotidianos (enseñando a gestionar las emociones negativas, no a erradicarlas, lo cual es imposible), en los que se utilizan estudios controlados aleatorizados, fomentan el optimismo de los estudiantes ayudándoles a pensar de forma más realista y flexible, reducen y previenen los síntomas de la depresión, la ansiedad o disminuyen los problemas conductuales:
      https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22889296
      Pero esa importante educación emocional por la que siempre abogamos requiere tiempo. Y formación y buen ejemplo de nosotros: los adultos.

  1. 21 octubre, 2013 en 1:50
  2. 21 octubre, 2013 en 19:12
  3. 18 enero, 2014 en 21:49

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