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ALGO MÁS QUE UN COMENTARIO 4 (A propósito del documental sobre el Centro Educativo Pestalozzi)

La primera impresión que me ha quedado, después de visualizar el documental sobre la experiencia del Pesta y del León Dormido de Mauricio y Rebeca Wild en Ecuador (en la entradaEl Pesta,un modelo de escuela para la neuroeducación) , es la de hallarme ante dos pioneros enfrentados a la ingente tarea de humanizar un territorio salvaje. Vienen a mi memoria experiencias tales como la de New Harmony, promovida en Indiana por Robert Owen, a principios del siglo XIX, o la de Étienne Cabet, llamada Icaria, en Nauvoo, Illinois, hacia 1848. Tales experiencias forman parte de la historia de las comunidades utópicas que unos pocos pioneros pusieron en marcha, y que acabaron absorbidas tarde o temprano por la civilización, que todo lo engulle.

La Escuela Pestalozzi primero y después el centro del León Dormido, se asemejan a esos proyectos utópicos incluso en el hecho de haber compartido el mismo final. El Pesta cerró sus puertas en 2005 ante las dificultades de la comunidad para mantener en marcha las actividades que daban sentido a sus existencia: la participación activa de los padres en todo el proceso educativo. Si los padres han de salir de los hogares para trabajar y someterse a unos horarios laborales incompatibles con la asistencia educativa de sus hijos, entonces el proyecto pionero del Pesta se quiebra desde su raíz.

Es la civilización, la estructura económica en la que todos participamos moviendo nuestra correspondiente palanquita, la que acaba con el Pesta. Por eso los Wild vuelven a sus carromatos y se van a la montaña del León Dormido, también en Ecuador. Allá, el proyecto ya no sólo es educativo, es también social, colectivo. Autoabastecimiento en todos los sentidos. Educación y estructuras económicas y sociales libertarias, es decir, liberadoras de los anclajes a que estamos sometidos todos los súbditos del Estado mínimo asistencial (porque ya no podemos llamarle de bienestar), que nos asiste y a la vez nos aprieta los grilletes del consumo y de la hipoteca a cambio.

Ojalá el León Dormido resista el empuje de la civilización, como soñaba Rousseau para su Emilio. La historia de los proyectos utópicos no lo hace presagiar, y de paso debemos reflexionar sobre un detalle importante: ¿estos proyectos son factibles en un entorno urbano y altamente desarrollado, allá donde los controles gubernamentales imponen su dinámica a las iniciativas innovadoras, frenando todo aquello que representa una alternativa, una divergencia respecto de los estándares sociales y legales? Más aún, estas propuestas basadas en la atención al desarrollo personal de cada niño, según sus intereses, sin imposiciones disciplinarias, que se aplican parcialmente en algunos centros públicos y privados (Escola Ciutat Jardí, de Lleida, por ejemplo, en este enlace), ¿podrían llevarse a cabo enteramente, tal y como ocurre en el León Dormido, si se implementasen en nuestro entorno social, que vive obsesionado con los resultados académicos visibles de cada evaluación?

No sé hasta qué punto las sociedades capitalistas avanzadas podrían encajar bien esta perspectiva de la didáctica lenta, amable y respetuosa con los ritmos individuales, si no da resultados significativos con menos margen. Cuando en algún centro público se atreven a plantear una didáctica sin libros, por proyectos de investigación, enseguida surgen dudas entre los padres: ¿cómo van a aprender sin libros, cómo van a educarse sin horarios ni disciplina?

Ningún gobierno asumirá la responsabilidad de llevar a cabo una reforma de este tipo. Si la población vive obsesionada con los resultados académicos inmediatos, indicadores del fracaso escolar, si responde a ofertas escolares de aceleración curricular, de esas que prometen enseñar a hablar y escribir en inglés y español a los niños de 5 años, ¿cómo los gobiernos van a atreverse a encarar reformas en esta línea, si viven pendientes de la opinión pública?

Es por eso que el León Dormido crece en medio de la selva ecuatoriana, en un territorio fronterizo entre lo urbano precario y la riqueza natural. Allí sí es una alternativa viable a un medio de vida que no promete nada. Aquí, en la civilización, la auténtica alternativa es la oferta de la aceleración escolar, que lo promete todo a cambio de una cuota económica sólo al alcance de algunas economías. No sé si este método intensivo será exitoso a largo plazo; puede que dé resultados académicos a corto plazo, y es posible que sea percibido como beneficioso para la sociedad (y muchos padres lo vean como modelo aunque no puedan permitírselo para sus hijos), pero creo que forzar a un niño de 5 años a aprender a leer y escribir en dos (o tres)  lenguas -que no hay que confundir con la adquisición fonológica de una lengua- no será bueno para él. Una cosa es plantear una escuela con cerebro, acorde con la neurociencia, y otra exprimir el cerebro para lograr unos resultados que satisfagan las estadísticas. Es muy probable que los niños del Pesta o del león Dormido no consigan un Master en Business, pero estoy seguro de que crecerán más felices que todos esos niños matriculados en colegios como el Brains.

Josep Pradas

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