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Aprendizaje cooperativo

En el video presentado observamos como un chimpancé, que comparte con los seres humanos gran parte de su material genético, resuelve el problema de la comida a través de la colaboración.

¿Qué es lo que nos diferencia del resto de especies? Analicemos, con el caso del chimpancé de fondo, tres argumentos tradicionales utilizados para mostrar nuestros rasgos diferenciales: el tamaño del cerebro humano, el uso del lenguaje y la utilización de herramientas.

El tamaño del cerebro humano (1400 g aproximadamente), en comparación con el del chimpancé (400 g), no nos hace diferentes. El estudio de la desconexión de los hemisferios cerebrales seccionando el cuerpo calloso (split brain),  ha permitido observar que la capacidad de un hemisferio para resolver tareas que tiene asignadas  no se ve prácticamente modificada.

En cuanto al lenguaje, los chimpancés, y por supuesto otras especies, son capaces de advertir a otros integrantes de su grupo sobre determinadas situaciones, por ejemplo, de alerta o peligro. Eso es una forma de comunicación. Sabemos también que un chimpancé puede utilizar herramientas para resolver determinados problemas. Y sus crías pueden aprender ciertos hábitos a través de la imitación.

A pesar de todo, los seres humanos sí que tenemos interés en enseñar a otros individuos, nuestra complejidad del lenguaje es incomparable y las conexiones entre los diferentes circuitos cerebrales establecen grandes particularidades. Sin embargo, lo que realmente nos hace únicos es que somos seres sociales. La convivencia social garantizó la evolución de nuestra especie. La necesidad de mantener grupos cohesionados, organizados y solidarios, a través de la interacción social, evolucionó de forma natural.

El aprendizaje de los chimpancés, y de otras especies, se debe al esfuerzo individual mientras que en los seres humanos es el resultado de algo social. La cultura se basa en la acumulación de conocimientos a través de la compartición e imitación. Sabemos que nuestro cerebro tiende, automáticamente, a imitar cualquier movimiento observado. Construyendo modelos mentales del mundo físico y compartiéndolos hemos generado el lenguaje y la cultura. Y podemos aprender de las experiencias ajenas. La moderna neurociencia nos ha dado la respuesta con el descubrimiento de las neuronas espejo. Y así, la imitación nos permite introducirnos en el mundo mental de los demás a través de la empatía y adoptar modelos que son mejores que los propios.

Howard Gardner definió la inteligencia interpersonal como la capacidad para entender a las otras personas: lo que les motiva, cómo trabajan o cómo trabajar con ellas de forma cooperativa.

Los docentes conocemos la importancia del trabajo en grupo, en particular del trabajo cooperativo, y el de la socialización. Las relaciones interpersonales en el aula no se limitan a la relación profesor-alumno (dichoso efecto Pigmalión) sino también a la relación alumno-alumno. Al cooperar los alumnos hacen cosas diferentes y luego coordinan sus logros buscando un beneficio común y un resultado que mejore las aportaciones individuales. Numerosos estudios han demostrado los beneficios derivados del aprendizaje cooperativo.

Este planteamiento no ha de entrar en confrontación con la sensibilidad que ha de mostrar la enseñanza hacia la individualización. Se puede generar la evolución académica del alumno, atendiendo a sus características individuales, promoviendo la colaboración y el trabajo en grupo, fomentando así las mejores relaciones entre alumnos y un entorno más motivador.

Como docentes, deberíamos gestionar el proceso de transformación del grupo a través de la interacción entre alumnos. Todo ello fomentando un aprendizaje compartido, es decir, entendiendo la interacción entre alumnos como una parte esencial del proceso de aprendizaje.

La adquisición de habilidades sociales y comunicativas por parte de los alumnos les permitirá participar activamente en la sociedad del futuro de la que formarán parte. Y la figura del profesor como referente ejemplar resulta insustituible al transmitir hábitos, intereses y valores adecuados.

La escuela del futuro ha de reflejar la evolución de la sociedad. El desarrollo de las nuevas tecnologías de la información ha posibilitado la aparición de las redes sociales que han de conllevar el necesario proceso de adaptación y actualización. La formación de los nuevos ciudadanos requiere disponibilidad hacia el trabajo colaborativo en detrimento del competitivo.

Y eso no es necesario que nos lo enseñen los chimpancés.

Jesús C. Guillén

Para saber más:

-Gazzaniga, Michael, ¿Qué nos hace humanos?, Paidós, 2010.

Frith, Chris, Descubriendo el poder de la mente, Ariel, 2008.

-Gardner, Howard, Inteligencias múltiples, la teoría en la práctica, Paidós, 1995.

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