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La indefensión aprendida

Martin Seligman (1991) se preguntó por qué frente a las dificultades algunas personas se dan por vencidas rápidamente y otras perseveran y salen adelante. Y encontró que frente a las dificultades aparecían preferentemente dos tipos de atribuciones causales: el estilo optimista y el estilo pesimista.

Sus investigaciones muestran cómo las personas optimistas tienden a ser más esperanzadas y perseverantes, tener mejor autoestima y generar acciones más exitosas y, por el contrario, las personas pesimistas tienden a ser más desesperanzadas, tienen autoestima más baja y se dan por vencidas más fácilmente frente a la adversidad.

La indefensión aprendida está acompañada de pensamientos destructivos.  Las tendencias de las personas en esta situación son:

  • la reacción a bajar los brazos y darse por vencidas.
  • a no asumir la responsabilidad de producir cambios.
  • a no contestar frente a las adversidades.

Y esto sucede porque han construído, sin quererlo, una paralizante teoría, la creencia de que :

 “NO VALE LA PENA HACER NADA, PORQUE HAGA LO QUE HAGA NADA CAMBIARÁ”.

Cuando fallamos en algo todos nos sentimos desamparados y nos deprimimos, pero los optimistas se recuperan más rápido y vuelven a intentarlo para superar el error. Los pesimistas ven la derrota como algo permanente, se deprimen y no vuelven a intentarlo.

En este vídeo una profesora lleva a la indefensión aprendida a sus alumnos en 5 minutos con un simple ejercicio.

  1. 7 enero, 2012 en 13:54

    Otro documento fundamental para la mejora de la educación. Pero cabe observar que su simulación en el aula, tal como nos muestra el vídeo, tiene que ver con conductas sociales y no individuales, tal como se da en el proceso de enseñanza-aprendizaje en la escuela. En concreto, lo que el vídeo nos muestra es el llamado “aprendizaje vicario”, esto es, el aprendizaje de la impotencia a través de la observación de la supremacía de otras personas, que puede llevar a una parte de la población escolar a generar sentimientos de inutilidad y baja autoestima, y en consecuencia al fracaso y abandono escolar. De ahí la importancia del estilo docente optimista, que lleva a una reestructuración metodológica de su trabajo para permitir el acceso al aprendizaje y generar sentimientos positivos de los alumnos con problemas. Ciertamente, el estilo docente pesimista puede llevar a un maltrato infantil, al abandonar su responsabilidad docente por creer que son incapaces de hacer algo por sus alumnos con dificultades cognitivas.

    • Ester Astudillo
      9 enero, 2012 en 9:52

      Yo sin embargo creo que el aprendizaje en el aula es una conducta puramente social, y precisamente por eso es tan clarividente el experimento. Las capacidades intelectivas y cognitivas están ahí y son individuales, un filón por explotar, pero están tan sumamente moduladas por la experiencia del aprendizaje en el aula que pueden quedar totalmente sepultadas por las malas experiencias, por más ‘vicarias’ que quieran llamarse. Las potencialidades personales están moduladas por el propio autoconcepto, y ése se construye en sociedad, en lo tocante a la inteligencia muy fundamentalmente en el aula.

    • 22 agosto, 2015 en 10:45

      Félix Pardo ¿qué pasaría si el ejercicio se distribuyera de otra forma? Dándoles a los que suelen sacar menos calificaciones el fácil y a los que suelen sacar mejores el imposible. Creo que ahí el experimento sí indicaría ese aprendizaje social. A no ser que el aula ya estuviera distribuída a conciencia.

  2. Rita Cruz y Ivette Torres
    11 enero, 2012 en 1:17

    Nos encantó el experimento de la profesora con su estudiantes intentando reagrupar las letras de unas palabra para formar una nueva. A un lado del salón les tomó el pelo dándoles dos palabras más sencillas a un grupo y al otro dos más dificiles. La tercera era la misma. La reacción de los estudiantes de un lado del salón fue que terminaban más rapido que los del otro. Puso nerviosos a algunos, haciéndoles sentir estúpidos, de poca inteligencia. Luego la profesora les explica los hechos y los estudiantes entendieron que su cerebro pudo más que su verdadera capacidad.

  3. 22 agosto, 2015 en 10:50

    Muy buena entrada Jesús. La mentalidad de crecimiento debiera instalarse en nuestras aulas. Incluso los caracteres pesimistas tendrían la motivación interna asegurada.

    • Jesús C. Guillén
      25 agosto, 2015 en 1:13

      Claro que sí Nieves. Lo que ocurre es que el aprendizaje socioemocional necesario para mejorar el perfil de la persona requiere práctica, tiempo y reflexión, tanto para el alumno como para el profesor, siendo este último el responsable de transmitir y generar el clima emocional adecuado en el aula. Si el profesor está contento será más fácil que los alumnos estén contentos.

  4. Douglas
    30 septiembre, 2015 en 23:07

    Hola: Educación Escolástica = control social.
    Saludos desde Costa Rica

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