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El «nosce te ipsum» más descabellado (Una meditación sobre el yo a la luz del libro “¿Quién manda aquí?” de Gazzaniga)
¿Quién no se ha quedado estupefacto alguna que otra vez al ver refutada de forma irrebatible la versión que guarda de los hechos de un día cualquiera de su vida? El azar, las circunstancias de la vida, el destino, la suerte… nos enfrentan en ocasiones a una versión de los hechos de una secuencia de nuestra vida tan incontrovertible como irreconciliable con la versión que nosotros guardamos. De repente a nuestros pies se abre el abismo: ¿me estaré volviendo loca? ¿Es esto un sueño? ¿Lo fue aquella tarde cuando la memoria me dice que le di la vuelta a la llave antes de meterlas en el bolso y salir por el portal de casa? ¿Puedo o no puedo ya confiar en mi mente? Y si no puedo confiar en ella, ¿qué me queda? ¿En qué puedo confiar que sea más infalible que mi propia memoria? ¿Qué hay más allá de mi propio yo?
Lamentablemente, la respuesta es que nuestra memoria es cualquier cosa menos infalible. Del yo hablaremos más adelante. De hecho, la memoria no es infalible, sino todo lo contrario: es dúctil, sugestionable, selectiva, sesgada y marcadamente subjetiva –además de volátil y fácilmente disipativa. Y precisamente porque es dúctil tiende a engañarnos, a pesar de que esta afirmación tenga el aspecto de una paradoja. ¿Para qué habríamos desarrollado la portentosa herramienta de la memoria si no para confiar en ella y ayudarnos de su funcionamiento en nuestra vida, anticipando acontecimientos, trazando analogías, desarrollando inclinaciones, protegiéndonos de posibles peligros?
Desde luego, la memoria es una pieza clave de la inteligencia humana, y fue su valor adaptativo precisamente lo que le valió ser seleccionada por la naturaleza para autoperpetuarse mediante la reproducción de los especímenes con una memoria más sobresaliente. Pero saltar de esta tesis incuestionable sobre el valor adaptativo de la memoria a afirmar que la memoria ‘debe’ per se ser fiel a la ‘verdad’ hay tal trecho que representa casi un salto al vacío. Y eso sin entrar a cuestionarse el valor del término ‘verdad’, que en tiempos contemporáneos está en el centro del debate epistemológico. Vayamos por partes.
Es término habitual ya en psicología el de ‘falsos recuerdos’, que son sin embargo diferentes de los así llamados dejà vues, voz tomada del francés. Siendo diferentes, ambos fenómenos están relacionados con el funcionamiento de la memoria. Un ‘falso recuerdo’, a pesar de lo paradójico del término (¿cómo puede ser falso un recuerdo al que puedo acceder?, nos preguntamos), es la percepción de certeza que el sujeto tiene de haber experimentado en el pasado una secuencia de hechos en los que él intervino, hechos que es capaz de determinar y ordenar pero que, sin embargo, no superan el contraste con otras evidencias materiales que demuestran incontrovertiblemente su falsedad. En otras palabras: los hechos ocurrieron de forma distinta a la de la versión que el sujeto tiene de ellos y de su propia intervención, aunque no esté mintiendo ni pretenda engañar a nadie, ni siquiera a sí mismo. Em terminología clínica, está fabulando. ¿Por qué? Porque el cerebro humano está construido de forma que tiende a inferir la causalidad de los fenómenos que observa en su entorno.
Desde luego, podría alegarse que sería más adecuado el término ‘falsa creencia’ para designarlos, pero puesto que el sujeto cree que dicha versión forma parte de su experiencia pasada, se le aplica el término ‘falso recuerdo’. Así también queda salvado el escollo de que el término ‘falsa creencia’ está ya tomado con un matiz distinto: suele aplicarse en psicología a los estados mentales que subyacen a las creencias que tenemos de lo que ocurre en la mente de los demás, que pueden ser verdaderas (si aciertan) o falsas (si fallan), a su vez concepto estrechamente relacionado con la llamada ‘teoría de la mente’[1], propuesta por David Premack en 1978:
“… los seres humanos tienen la capacidad innata de comprender que los demás tienen una mente con deseos, intenciones, creencias y estados mentales distintos, así como la capacidad de formular teorías, con cierto grado de precisión, sobre dichos deseos, intenciones, creencias y estados mentales… Estamos programados para pensar de otra manera. Después de treinta años de investigaciones inteligentes en busca de una teoría de la mente en otros animales, no se han encontrado datos que respalden tal posibilidad. Parece presente en un grado limitado en los chimpacés, pero eso es todo, al menos por ahora.” (M. Gazzaniga. ¿Quién manda aquí? Barcelona: Paidós, 2012, pag. 195-196.)
El proceso de inscripción del falso recuerdo en la mente es por necesidad un proceso post-hoc, es decir, se realiza con posterioridad al momento en que la secuencia de hechos tiene lugar, y es plenamente inconsciente. En él tienen papel primordial el autoconcepto de la persona, su relación con los otros sujetos que intervienen en los hechos y muchísimos otros factores psicológicos personales imposibles de detallar aquí y que varían de caso en caso y de sujeto en sujeto. Pero es importante destacar que, puesto que el resultado de la inscripción del falso recuerdo en la mente es una distorsión de la realidad, mayormente tienen una función adaptativa, dirigida a salvaguardar la propia autoestima. No en vano los falsos recuerdos, una vez desenmascarados, suelen beneficiar la ‘imagen’, bien pública, bien privada, de la persona en concreto, y evitan ponerla en entredicho, no sólo ante los demás, sino también ante sí misma. La vida cotidiana nos porporciona ejemplos constantemente
Y si tan frágil y volátil es el funcionamiento de la memoria, en marcado contraste con el convencimiento con que estamos dispuestos a defender su veracidad, ¿qué decir de la identidad del yo? ¿Qué sabemos de nosotros mismos? ¿Es confiable la visión propia que tenemos? ¿Qué hay de la introspección? ¿Del dictado de conocernos a nosotros mismos que nos legaron los antiguos con su nosce te ipsum? ¿Qué sabemos de nuestra percepción? ¿Es la percepción un reflejo fiel del entorno? ¿Debemos dar crédito a las sentencias a las que nos induce nuestra percepción? ¿No es acaso falso el corolario que nos induce a creer que el sol se mueve alrededor de la tierra, o que la tierra es plana? El conocimiento que poseemos de nosotros mismos, ¿no es acaso también perceptivo? Y si algunas percepciones son demostradamente ‘falsas’, tal como la ciencia ha confirmado, ¿no podrían serlo también las percepciones que aparentemente nos permiten acceder a nuestro interior, a nuestro hardware?
Estamos hechos para sobrevivir y reproducirnos en unas condiciones ambientales determinadas, y por supuesto no para indagar sobre las razones que nos han traído hasta aquí, ni sobre el sustrato maquinario que hace posible nuestra capacidad de adaptarnos, de percibir y de hacernos preguntas. Sin embargo, la mente humana dio un giro inesperado al autoorganizarse de tal forma que posibilitara la conciencia y el acceso al conocimiento hasta cierto punto recursivo de que tenemos mente y cerebro, cosa que los animales ‘inferiores’ no saben. Y ahí yace el meollo de la cuestión. Que podamos indagar y preguntarnos por la mente y su funcionamiento no significa que los resultados que arrojen nuestras pesquisas sean ‘acertados’: la finalidad de la maquinaria no es esa, así que no deberíamos inducir que la eficiencia de la mente para un fin es transponible a otro fin distinto.
Que nuestra percepción sea o no reflejo fiel del mundo ha sido materia tradicional de estudio de la filosofía: desde los clásicos a la actualidad, los filósofos han tratado de establecer la naturaleza de la relación ‘recta’ entre los hombres y el mundo. Hoy día, es la mera existencia del mundo la que está en entredicho: el mundo puede no ser más que una ilusión, hablando literalmente y no sólo parafraseando a Calderón. Pero una ilusión ¿de quién? ¿Es el sujeto también una ilusión?
A Descartes el tema le quitaba el sueño y no cejó hasta creer demostrado que la existencia del sujeto pensante era la única verdad cierta de la que podemos partir para investigar el mundo. En la actualidad, dilucidar si el sujeto es ilusorio o real no le quita el sueño a nadie. Se parte del axioma de que la identidad y la conciencia son experiencias subjetivas y de que no hay forma de demostrar nuestra existencia más allá de dichos límites subjetivos y experienciales. Al fin y al cabo, Dios ha muerto y no nos es ya útil como sí se lo fue a Descartes, y el sujeto contemporáneo es un sujeto débil, así que bien está lo que bien acaba, parafraseando a Shakespeare.
La ciencia y la neurociencia se están aproximando a la mente-cerebro desde una perspectiva pragmática y local, digamos que materialista, partiendo de la base de que el cerebro crea la mente, si bien la mente acaba siendo algo más que el cerebro, excluyendo de esta tesis todo tipo de intervención espiritual y animista: es bien sabido que el todo es más que la suma de las partes. Si bien la comprensión de los procesos neurológicos que subyacen a los estados mentales –pero también a los procesos de adaptación, actuación y reacción del individuo-en-el-mundo- continúa generando interrogantes, la incertidumbre ahora se cierne en torno a nuevas paradojas, una vez superada la estupefacción que produce saber que tanto si existimos como si no, se trata de un detalle irrelevante.
La mente está constituida por ‘módulos’ que trabajan en serie y en paralelo, módulos altamente especializados y con funciones específicas, localizados en ubicaciones concretas a lo largo y ancho de la corteza cerebral. Ello no quita que la mente sea sumamente plástica, y que el cerebro pueda, ante el daño irreparable de un circuito cerebral concreto, habilitar otro circuito que supla la función que ha dejado de ejecutar el circuito dañado. La nefrología de Gall, del s. XIX, fue la primera aproximación científica a esa intuición del cerebro compartimentada y especializada, por más que ahora nos parezca un intento de descripción poco menos que chapucero. Las nuevas tecnologías por neuroimagen permiten visualizar el cerebro-en-ejecución en tiempo real, mientras realiza las funciones diversas para las que está habilitado, y el estudio de pacientes aquejados de diversas tipologías de daño cerebral está siendo clave en esa aproximación materialista de la mente.
Así, se ha llegado al convencimiento de que es de vital importancia que el cerebro esté subdividido en dos hemisferios, cada uno de ellos con una distribución típica de especializaciones y funciones. El hemisferio derecho es, salvo casos excepcionales, el especialista en facultades visuo-espaciales no verbales, las emociones y has habilidades artísticas, mientras que el izquierdo lo es en la lógica, el lenguaje, las habilidades visuoespaciales y el lenguaje. Dicha especialización lateral se llama ‘lateralización’, existente en mucho menor grado también en otros primates, y tiene su propia transposición al ‘soma’: el cuerpo también está lateralizado, con una de las mitades laterales más diestra que la otra. La oposición diestro/zurdo está relacionada con la dominancia de un hemisferio cerebral u otro en la lateralización del cuerpo. Los ambidextros son aquellas personas en que no hay una especialización del cerebro tan clara como en la inmensa mayoría de la población, pero son una minoría muy minoritaria.
Que el cerebro esté subdividido resulta crucial para su plasticidad: en realidad, no tenemos un cerebro sino dos, que están sin embargo unidos por gruesas fibras que forman el cuerpo calloso, que conecta ambas mitades y permite el traspaso de información vehiculada al cerebro por distintas vías corporales (visión, tacto, oído, etc.). Un ejemplo sencillo es el de la vista: la visión estereoscópica de los humanos, es decir, el poder ver en tres dimensiones calculando la profundidad de los objetos y la distancia respecto de nuestro cuerpo, depende de la visión binocular. La información que recibe un hemisferio a partir del ojo contrario se combina con la del otro hemisferio (y del otro ojo), y es gracias a la fusión de las dos informaciones que podemos inferir la profundidad y la distancia de los objetos, combinada con el hábito y la experiencia que la vida cotidiana proporcionan.
El cálculo de profundidad y distancia se ajusta y afina gracias a la información del tacto: tacto y visión estereoscópica son codependientes. Los bebés no ven en tres dimensiones porque aún no han tenido suficiente experiencia en alargar la mano y asir objetos como para poder desarrollar la pericia necesaria e inferir cálculos. Y los adultos, si nos tapamos un ojo, observaremos que sólo tenemos visión plana: nos falta la información del ojo tapado que pueda fluir a través del cuerpo calloso y que, unida a la del ojo funcional, nos permita inferir el cálculo de distancias.
Con esa distribución del cerebro en dos hemisferios y con el cuerpo calloso funcional, en caso de que una mitad del cerebro falle la otra mitad puede ‘compensar’ el fallo y suplir su funcionalidad dañada, por decirlo de forma sencilla. El estudio de casos de pacientes con cerebro escindido, en que no existe cuerpo calloso o en que este ha dejado de funcionar, se observan alteraciones de las funciones superiores que requieren la interconexión de ambos hemisferios y el trabajo en paralelo de las especializaciones de uno y otro. Por ejemplo la prosopagnosia, que consiste en la incapacidad para reconocer los rostros de las personas conocidas, incluido el propio.
Sin embargo, hay un dato que resulta sorprendente y que sume a los expertos, apenas recuperados del shock de la desaparición del sujeto, de nuevo en la estupefacción: sería esperable en pacientes con cerebro escindido algún tipo de disociación de la personalidad, un síndrome esquizofrénico, puesto que son dos cerebros no interconectados los que operan simultáneamente y no sólo uno. Pero no es eso lo que se observa: los datos no son congruentes. ¿Dónde reside el yo, el sentido de la identidad, que no parece afectado por ningún tipo de daño cerebral que imposibilite la funcionalidad del cuerpo calloso y la conectividad entre los hemisferios? Se dan casos de desconexión afectiva, de no reconocimiento facial, pero todos los pacientes afectados continúan creyéndose sí mismos, iguales a sí mismos, a pesar de otras evidentes ‘fracturas’ en su percepción, incluso en la percepción de su propio cuerpo, la llamada propiocepción. Algunos no reconocen como suyos sus propios miembros, típicamente un brazo o una mano. Sin embargo, incluso en esos casos los pacientes continúan manteniendo íntegra la sensación de unidad, continuidad y coherencia del yo.
Una de las hipótesis que se barajan es que el yo sea una ilusión, por otra parte una idea no tan nueva (ya Descartes concebía la certeza y la continuidad del yo como sensaciones psicológicas), y que el sustrato neurobiológico subyacente sea uno de los módulos en que el cerebro se autoorganiza, con una localización precisa y típica en la corteza cerebral. Algunos expertos, como Gazzaniga, han ido más lejos y le han dado incluso nombre: le han llamado el intérprete, y lo han localizado en el hemisferio izquierdo. Se trataría de esa porción de materia gris obsesionada por encontrar un sentido coherente a todo cuanto se percibe, tanto lo que proviene del mundo exterior como lo que sucede dentro. Es el intérprete el que guía nuestras percepciones, interpretaciones de lo que sucede, y guía también la inscripción en la mente de los recuerdos y las creencias. Y cuando no percibe lo suficiente… ¡entonces directamente inventa!
Sería, pues, el intérprete el que permite que tengamos por verdaderos recuerdos falsos –prioriza la versión de los hechos más congruente y beneficiosa para el propio sujeto-, y también responsable de que inscribamos como recuerdos hechos a los que demostradamente no hemos podido asistir. El estudio de causas judiciales por abusos sexuales a menores en EUA ha demostrado la maleabilidad de la mente y cómo resulta de ‘fácil’ la inscripción de falsos recuerdos que luego aparentemente ‘emergen’ y pueden llevar al encarcelamiento de los adultos presuntos agresores. Algunos de estos casos fueron revisados tras la sentencia y afortunadamente se desenmascaró que los acusadores habían sido objeto de un proceso de implantación de falsos recuerdos en la mente sin que ellos tuvieran ninguna conciencia del hecho.
Por otra parte, está establecido que la edad mínima para conservar recuerdos conscientes en la edad adulta ronda los 3 años. Cualquier ‘recuerdo’ anterior que preservemos de hecho no es un recuerdo, sino una creencia instaurada post-hoc en la mente por otras vías, como haber leído sobre el episodio al que uno cree haber asistido o, más típicamente, haber oído contar historias muchas veces sobre lo sucedido.
Son un caso típico los recuerdos tempranos: oír repetidamente a un padre o una madre relatar el mismo episodio en que uno es el protagonista propicia que el relato se inscriba como recuerdo sin que verdaderamente lo sea[2]. El intérprete se adueña de la situación, se pone al mando, y le sitúa a uno en el centro de la historia: si él fue el verdadero protagonista, según mamá o papá cuentan, ¿qué más coherente que poder recordar el episodio? Sin buscar el engaño de nadie, el resultado es que el intérprete pervierte la información a la que tiene acceso, y uno acaba convencido de poder recuperar de la memoria episodios de su historia en los que o bien nunca estuvo presente o, si lo estuvo, la versión que conserva es vicaria, de segunda mano.
El intérprete rellena huecos en el relato y en la propia personalidad, lagunas, vacíos, buscando maximizar la coherencia y la convergencia o consonancia de toda la información que la mente recibe a través de las múltiples vías perceptivas. De todas formas, uno puede alegar: ¿es este un detalle relevante?
Sí lo es. Lo es porque nos lleva directamente al núcleo del yo y de la identidad. De la misma forma que el intérprete distorsiona la inscripción de recuerdos y creencias inventando un pasado ficticio (con consecuencias de vital importancia en el campo de la criminología, por ejemplo), resulta cada vez más plausible que la experiencia de identidad y unicidad del yo sea también un producto de ficción del intérprete, hipótesis que sería congruente con las observaciones del funcionamiento de la mente en pacientes con cerebro escindido pero con la experiencia de identidad intacta.
Un ejemplo de funcionamiento del módulo intérprete que ilustra perfectamente la ingenuidad del nosce te ipsum son las siguientes citas, extraídas del último libro de M. Gazzaniga, ¿Quién manda aquí?:
“Ese USTED del que usted está tan orgulloso es un relato urdido por su módulo intérprete para explicar todos los aspectos de su conducta que es capaz de abarcar, y niega o racionaliza el resto.” (p. 137)
“El rechazo del incesto no es una conducta adquirida racionalmente ni una actitud inculcada por los padres… Se trata de un rasgo que ha selecionado la evolución porque en la mayor parte de las situaciones evita engendrar crías menos sanas como consecuencia de la endogamia… Sin embargo, el cerebro racional consciente no sabe que tenemos un sistema innato de rechazo del incesto. Lo único que sabe es que esos hermanos mantienen relaciones sexuales y eso no está bien. Cuando nos preguntan ¿Por qué no está bien? Nuestro intérprete… intenta explicarlo y se le ocurren muy diversas razones.” ( p. 205-6) [la cursiva es mía]
“… primero se produce la reacción ante el dilema, como consecuencia de una emoción moral inconsciente, y después se justifica en retrospectiva. Aquí interviene el intérprete, que propone una racionalización moral a través de la información procedente de la cultura, la familia, el aprendizaje y otros elementos del entorno del individuo.” (p. 209)
El ámbito de la cognición, el que a priori menos sometido está a la tiranía de la arbitrariedad de la emoción y del inconsciente, está también sesgado. En nuestro quehacer diario confiamos en lo que llamamos sentido común, que de hecho es el menos común de los sentidos, porque al que solemos recurrir para que nos ayude a menudo nos sesga y nos induce al error más que otra cosa, aunque no lo sepamos. Los errores en la apreciación de probabilidades, por ejemplo, son comunes no sólo en el hombre de a pie, sino en los profesionales con mayor formación de los que esperaríamos probidad en la emisión de jucios, como los médicos, los jueces y los altos ejecutivos. Se trata de ‘ilusiones cognitivas’ producto del sesgo del hábito mental y la confianza en una mal entendida intuición, en la que a veces confiamos en exceso.
De igual modo, también la función de toma de decisiones está siendo revelada cada vez más decididamente como vulnerable al saboteo del intérprete. La toma de decisiones pertenece claramente al cerebro superior, al neocórtex frontal, lóbulo prefrontal, y se considera una de las funciones ejecutivas, ultrasuperiores, que nos hace a los Sapiens humanos. En realidad, la aproximación neurocientífica revela que las decisiones racionales, incluso las tomadas en base a la cognición, son de hecho decididas antes de que intervenga el neocórtex ejecutivo, que actúa de nuevo post-hoc, racionalizando y justificando la elección que el intérprete ha tomado por ‘nosotros’, siguiendo las disposiciones favorables y/o desfavorables de nuestros gustos, simpatías, intuiciones e inclinaciones. Y todo ello, dentro de la esfera del inconsciente. La función de la cognición en la toma de decisiones cada vez se ve más relegada a un plano secundario, de justificación, autopersuasión y embellecimiento. En cualquier caso, se trata de una función claramente post-hoc, en contra de la consideración de alto ejecutivo que se ha defendido hasta recientemente. Gazzaniga dice al respecto:
“El cerebro actúa antes de que la persona sea consciente de ello. Y no sólo eso, sino que, a partir de la observación del escáner, se puede predecir lo que va a hacer. Las implicacines son asombrosas. Si las acciones se inician inconscientemente antes de que seamos conscientes del deseo de ejecutarlas, queda descartado el papel causal de la consciencia. La volición consciente, la idea de que uno desea que suceda una acción, es una ilusión.” (Ibid., p. 160)
“… gran parte de la función cerebral se lleva a cabo en el nivel inconsciente y una decisión se puede predecir varios segundos antes de que el sujeto decida conscientemente.”(Ibid., p. 243)
Pero creernos libres resulta muy adaptativo:
“No sólo creemos que controlamos nuestros actos sino que es bueno para todos mantener dicha creencia.” (Ibid., p. 145)
El libre albedrío, uno de los pilares en que se cimenta nuestra civilización occidental desde la Grecia antigua y que ha catapultado al estrellato al individualismo como motor de la sociedad, cae ahora en descrédito a medida que se desentrañan los estratos en que se autorganiza la mente humana. Sin embargo, aunque la nueva ciencia parezca apuntar al determinismo y a la causalidad, y por tanto a despojar al sujeto contemporáneo de atributos tradicionalmente inherentes a la humanidad como la libertad y la responsabilidad, la física, la nanotecnología y la comprensión de la organización de sistemas complejos tienen alegacions que presentar que rebajan el nivel de pesimismo de un pronóstico tan poco halagüeño para el hombre.
En definitiva, cuanto se está descubriendo sobre la naturaleza de la identidad y de los procesos que nos permiten actuar con inteligencia -prescindiendo de la inevitable interferencia del inconsciente-, además del estado de la cuestión del yo en la literatura científica, están arrojando resultados que me atrevo a calificar de poco halagadores para nuestras altas expectativas. Inteligentes, curiosos, perspicaces, imaginativos, creativos… sí somos los humanos. Si bien en la misma medida somos también presuntuosos, cretinos y crédulos. Resulta encomiable que los padres fundadores de la civilización nos encomendaran con ejemplaridad desde Delfos el autoconocimiento como vía para una existencia armónica del individuo-en-el-mundo. A día de hoy, sin embargo, dudo que ninguno de ellos se reafirmara en tal recomendación sin arriesgarse a tener que escapar luego por la puerta de atrás del Oráculo… ¡y con el rabo entre las piernas!
Ester Astudillo
Para saber más:
M. Gazzaniga. ¿Quién manda aquí? El libre albedrío y la ciencia del cerebro. Barcelona: Paidós, 2012
M. Gazzaniga. El cerebro ético. Barcelona: Paidós, 2006
M. Gladwell. Inteligencia intuitiva: ¿por qué sabemos la verdad en dos segundos? Miami: Taurus, 2006
M. Piatelli-Palmarini. Los túneles de la mente. ¿Qué se esconde tras nuestros errores? Barcelona: Crítica, 2006
M. Mezernich, Plasticidad cerebral. Vídeo TED
[1] Para una definición de la teoría de la mente véase en este blog la entrada “Conferencia de Francisco Rubia en Barcelona: bases neurológicas de la imitación y la empatía (CCCB, mayo 2012)”, en particular la nota 1.
[2] Ver en este blog la reseña del libro de Ansermet y Magistretti A cada cual su cerebro, que aborda la relación entre psicoanálisis y neurociencias, y donde se describen diversas vías de inscripción de creencias y recuerdos en la mente.
Ser mujer sin adjetivos (Reseña del libro “El cerebro femenino” de L. Brizendine)
Louan Brizendine, El cerebro femenino, Barcelona, RBA, 2007, 288 pp.
Hay que valorar el acierto de la autora al tratar cuestiones que, indirectamente, ponen sobre la mesa la denuncia de que algunas políticas igualitaristas y/o ‘unisex’ lo que han conseguido negando lo obvio ha sido desmoronar estructuras y comportamientos sociales que tenían una razón de ser más allá de las acusaciones de ‘patriarcado’ argüidas por cierto feminismo. Desde luego, el hecho de que ciertos fenómenos tengan un origen o una explicación ‘natural’ no significa que los humanos no podamos modificarlos o cambiarlos, o que no estemos legitimados al menos a intentarlo. Ahí está la lucha titánica contra la muerte y la enfermedad, tan ‘naturales’ como la vida misma. Así que el hecho de que el padre fuera una figura ausente hasta hace 10.000 años no significa que la actual reivindicación de que se incopore realmente a la vida familiar sea contraproducente. Pero hay que saber lo que uno defiende y por qué, y también lo que se esconde detrás de las apariencias antes de emitir juicios demoledores o de activar políticas que puedan resultar catastróficas o, simplemente, ineficaces.
Es un libro muy accesible, de lectura fácil porque está escrito siguiendo la moda típicamente americana de intercalar lo anecdótico-personal con lo argumentativo, pero que no por ello, sin embargo, deja de fundamentarse en investigaciones serias y académicas que ofrecen total credibilidad científica (y cuyos contenidos habrá que contrastar con los del libro más reciente de Brizendine también, El cerebro masculino (2010), que próximamente reseñaré aquí).
Para leer la reseña completa visita nuestra web.
Ester Astudillo
Para saber más:
- Programa de Redes dedicado al cerebro femenino, con entrevista a L. Brizendine incluida:
http://www.youtube.com/watch?v=n4j5eeHJcnc
- Entrevista a L. Brizendine en la edición digital de la revista Muy interesante:
El sistema cortical del lenguaje en zurdos y diestros
La función del lenguaje y la sensibilidad y motricidad fina de la mano son dos capacidades que han contribuido enormemente al desarrollo del cerebro y a la evolución del ser humano. Están estrechamente relacionadas con nuestra vida social, porque sin el habla y las herramientas es difícil imaginar cómo sería nuestra relación con el mundo y entre los seres humanos. Sin embargo, estas capacidades son tan obvias que tendemos a hacer uso de ellas sin plantearnos cuál es su naturaleza y su importancia en nuestras vidas. Por lo que respecta al lenguaje, los padres y los docentes tenemos la responsabilidad de acompañar a nuestros hijos y alumnos en el aprendizaje del habla, la escritura y la lectura, superando obstáculos y detectando problemas. Y esta tarea difícilmente se puede realizar con éxito si desconocemos cómo funciona el cerebro, el órgano que hace posible, conviene no olvidarlo, la función del lenguaje. Sobre todo cuando nos enfrentamos a trastornos y enfermedades que impiden el buen uso de esta capacidad, o bien a particularidades en la maduración neuronal del niño que afectan a su proceso de adquisición y aprendizaje y, por tanto, a su competencia lingüística.
Hoy en día, gracias a los aportes de la neurociencia, podemos comprender lo que hasta hace sólo unas décadas era un misterio, así como profundizar, de este modo, en el conocimiento de la naturaleza humana. Sin embargo, en las escuelas todavía se presta mucha mayor atención a la valoración pediátrica del desarrollo y maduración físicos de los niños y a la educación e higiene física que no a la relativa del cerebro y de la mente. Si se aplicasen al conjunto de la población escolar, en la etapa preescolar, las técnicas de neuroimagen, facilitaríamos enormemente la tarea terapéutica de padres y docentes, evitando situaciones de estrés emocional y procesos de enseñanza-aprendizaje inadecuados o incluso perjudiciales en los alumnos que presentan alguna discapacidad o deficiencia cognitiva, muy especialmente en lo que respecta al lenguaje.
Para no extenderme más en este preámbulo, basta indicar que algo no funciona en la escuela cuando desde ella se conjeturan tantos diagnósticos erróneos o se derivan hacia oftalmólogos, logopedas, psicólogos, psiquiatras y neurólogos a un gran número de alumnos por simple desconocimiento del funcionamiento del cerebro. Con este artículo me propongo únicamente despertar el interés y ofrecer una primera introducción a la organización funcional del cerebro en relación al lenguaje, señalando las particularidades en los zurdos y en los diestros. En posteriores artículos trataré los principales trastornos del lenguaje y la especifidad de la escritura con la mano zurda.
La asimetría funcional y la lateralidad del cerebro
El cerebro humano, visto desde arriba, se parece a una nuez (ver FIG. 1). Muestra dos mitades redondeadas, de superficie rugosa (corteza cerebral) y unidas por el centro (cuerpo calloso y comisuras asociadas). Cada una de estas dos mitades, fácilmente identificables por la existencia de un surco entre ambas en su vista dorsal (cisura interhemisférica), recibe el nombre correspondiente de “hemisferio izquierdo” y “hemisferio derecho”.
FIG. 1.- Vista dorsal del cerebro.[1]
Las fibras nerviosas que salen del cerebro y controlan los sentidos (concretamente la vista, el oido, el olfato y el tacto) y los músculos presentan una conexión cruzada, esto es, se cruzan hacia el lado contrario del cuerpo, de modo que el hemisferio derecho controla el lado izquierdo y el hemisferio izquierdo controla el lado derecho. En relación al lenguaje, el siguiente esquema (ver FIG. 2) muestra que el hemisferio izquierdo posee, en la mayoría de personas, el centro de las funciones del habla y de la escritura, y tiene mayor capacidad para la lectura en la medida que en este hemisferio es superior la comprensión lógica y verbal. En cambio, la comprensión no verbal e ideación de conceptos (que serán traducidos a un lenguaje en el hemisferio izquierdo), así como la orientación y estructuración espacial, la percepción del color y la forma de los objetos, así como su reconocimiento y manipulación, lo que permite unas mayores habilidades en algunas actividades y en la utilización de utensilios o artefactos, es superior en el hemisferio derecho.
FIG. 2.- Entrecruzamiento de las fibras nerviosas y funciones hemisféricas.[2]
Al predominio en los individuos de un hemisferio sobre el otro se denomina lateralidad, y determina qué lado del cuerpo tiene mejor sensibilidad y movilidad. Sus causas responden a diversos factores: genéticos, adaptativos, fisiológicos, medioambientales, sociales y por plasticidad cerebral a causa de lesiones o disfunciones. La lateralidad cruzada se presenta tanto en diestros (hemisferio izquierdo dominante) como en zurdos (hemisferio derecho dominante), pero en estos últimos puede ser mixta (el control de la motricidad y de los sentidos no es cruzado de forma total). Aproximadamente, 7 de cada 10 zurdos presentan lateralidad cruzada y 3 de cada 10 presentan lateralidad mixta.
Por lo que respecta a la influencia de la lateralidad y la preferencia manual en la lectura, cabe mencionar aquí una investigación realizada por Sergio Hernández Expósito, presentada como tesis doctoral el año 1994 bajo el título Lateralización cerebral del lenguaje, preferencia manual y rendimiento lector[3], en la que el autor concluye los siguientes puntos:
“1.- La relación entre Asimetría Cerebral y rendimiento lector es el resultado de la interacción entre la Lateralización cerebral del Lenguaje y la Preferencia Manual, y no el resultado del efecto aislado de cada uno de estos factores.
2.- El rendimiento lector de los sujetos en los que confluyen los centros de control del lenguaje y mano preferida es equivalente, independientemente del hemisferio donde se produzca esta confluencia. Igualmente, tampoco difieren en los sujetos en los que no se produce la citada confluencia.
3.- Los sujetos que tienen localizado en un mismo hemisferio los centros de control del lenguaje y de la mano preferida, tienen un rendimiento lector superior al de aquellos en los que estos centros se localizan en diferente hemisferio.”
Con respecto a las áreas del lenguaje, encargadas de la discriminación fonética, del control motor del aparato fono articulador, de la doble articulación del lenguaje, de la construcción lógica y gramatical de expresiones y frases a partir de ideas, de la organización de la sintaxis, de la comprensión verbal, etc. (ver FIG. 3), recientes investigaciones han desmentido que los zurdos tengan la función del lenguaje invertida con respecto a los diestros. En la mayoría de las personas (alrededor del 90% de la población mundial) se sitúan en el hemisferio izquierdo. Así el 98% de los diestros y el 70% de los zurdos. Pero el 2% de diestros y 15 % de zurdos tiene esas áreas en ambos hemisferios, y el 15% de zurdos restante (observándose una correlación significativa en los hijos zurdos de madres zurdas) las tiene sólo en el hemisferio derecho. Por otra parte, dada la importancia que se ha otorgado al lenguaje y la lógica en la evolución humana, se ha considerado erróneamente el hemisferio izquierdo como superior, en el sentido que tenía más capacidades que el hemisferio derecho. Sin embargo, desde los estudios de Roger W. Sperry con pacientes de comisurotomía (cerebro dividido) sabemos que cada parte del cerebro está especializada en diferentes funciones mentales y modos de procesar la información igualmente complejos y complementarios.
FIG. 3.- Localización de las áreas del lenguaje.[4]
Por lo demás, el hecho que un hemisferio sea el dominante sobre el otro no significa que lo controle o dirija. Pues no hay evidencias que existan correlaciones entre habilidades o capacidades y la lateralidad (por ejemplo, en todas las actividades humanas encontramos tanto a diestros como a zurdos, si bien es cierto que en algunas actividades deportivas y artísticas podemos encontrar a más zurdos en términos relativos). Por otra parte, las investigaciones con lesiones en uno de los hemisferios o con el cerebro dividido (en pacientes a los que se les ha seccionado el cuerpo calloso), como las realizadas por el grupo dirigido por Roger W. Sperry, que le valieron el Premio Nobel de Medicina el 1981, demuestran que las funciones cerebrales no siguen una simetría entre ambos hemisferios, ya que se pueden encontrar en ambos hemisferios, como es el caso de las áreas del lenguaje hablado y escrito. Por lo demás, tampoco existen en ambos hemisferios diferencias en la organización de las redes neuronales ni bioquímicas en relación a los neurotransmisores y a los procesos químicos en las neuronas. Si que existen, en cambio, diferencias entre las pautas eléctricas de grupos de neuronas que realizan las mismas funciones en ambos hemisferios, como indicaremos más abajo, que tienen importantes consecuencias en el procesamiento del lenguaje.
Ciertamente, las diferencias entre funciones hemisféricas afectan a unas pocas áreas y tampoco existen en todas las personas. Sí que cabe hablar, no obstante, de una especialización de los hemisferios en algunas funciones que compiten en recursos, como es el caso del lenguaje y la lógica frente a la orientación (localización de objetos) y estructuración (relaciones entre objetos y entre ellos y nosotros) espacial y el manejo de los objetos, a fin de mejorar su eficiencia gracias a la complementariedad. Por último, cabe añadir que una reciente investigación dirigida por Michael Tyszka, del Instituto de Tecnología de California, ha descubierto que los dos hemisferios pueden comunicarse en individuos que nacen sin cuerpo calloso[5]. Según los resultados obtenidos con estas personas, muchas partes del cerebro parecen estar sincronizadas, lo que nos debería llevar a sustituir la idea de dominancia o directividad hemisférica por la de interconexión hemisférica.
Presentamos a continuación una tabla comparativa sobre las funciones hemisféricas (ver FIG. 4), que recoge las investigaciones realizadas sobre el cerebro dividido:
FIG. 4:- Funciones hemisféricas.[6]
Las áreas del lenguaje
En el córtex (corteza cerebral) se encuentran las principales áreas neuronales y fibras nerviosas que se han especializado en las funciones del lenguaje (ver FIG. 5 y FIG. 6), una actividad cognitiva muy compleja que se produce en numerosas partes del cerebro interconectadas y que es el resultado de la interacción entre el cerebro y la vida social:
FIG. 5: Áreas y fibras corticales del lenguaje.[7]
FIG. 6: Vista medial del cerebro.[8]
Área de Broca: grupo de neuronas corticales especializadas en la función motora del habla, se encarga del control motor del aparato fono articulador y de la doble articulación del lenguaje humano (monemas, esto es, signos con significado (palabras), y fonemas, signos constituyentes de las palabras sin significado). Se localiza en la parte inferior del lóbulo frontal y ocupa partes opercular y triangular del giro frontal inferior, correspondientes a las áreas 44 y 45 de Brodmann (ver FIG. 7).
Área de Wernicke: grupo de neuronas corticales especializadas en la función auditiva de asociación del lenguaje, se encarga de la discriminación fonética del lenguaje. Se localiza en la región posterior del lóbulo temporal, al lado del córtex auditivo, correspondiente al área 22 de Brodmann (ver FIG. 7). Esta especialización en la función sensorial del lenguaje también se encuentra en otros grupos de neuronas en las partes adyacentes del lóbulo parietal, principalmente los giros supramarginal y angular.
Gracias a las técnicas de neuroimagen hemos descubierto que el área de Wernicke tiene dos zonas con diferentes funciones: en una se registran temporalmente los sonidos de los signos lingüísticos (monemas y fonemas), mientras que la otra controla los movimientos necesarios para la producción de esos mismos sonidos. Esta segunda zona actua como una especie de fase intermedia entre la primera zona y el área de Broca, y se relaciona con la comprensión verbal del lenguaje.
FIG. 7: Centro del procesamiento del lenguaje en el córtex.[9]
Conviene subarayar que una reciente investigación ha revelado que el área de Wernicke se había mapeado en un lugar equivocado, ya que se encuentra aproximádamente 3 cms. más cerca del lóbulo frontal, en la parte izquierda del córtex auditivo[10]. Este dato concuerda con la localización de la misma área en primates no humanos, lo que viene a reforzar el origen común del lenguaje entre monos y humanos y a descartar la creencia en la exclusividad del lenguaje humano. De hecho, como ha venido a demostrar otra reciente investigación, no existe en el cerebro humano ninguna zona para la producción del lenguaje distinta de las que se encuentran en otras especies. Así pues, el cerebro no crea nuevas estructuras hasta rentabilizar las preexistentes y lo único que cambia son los patrones de actividad[11].
Fascículo arqueado o Longitudinal Superior: haz de fibras nerviosas (axones) mielinizados, llamada por su color sustancia blanca, que pone en relación los lóbulos frontal, occipital y temporal, lo que permite la comunicación de las áreas de Broca y de Wernicke (ver FIG. 7).
Giro fusiforme medio: grupo de neuronas corticales especializadas en la función de la comprensión verbal, tanto en lo que se refiere al significado de un texto escrito (comprensión lectora) como a la correcta composición ortográfica (procesamiento del léxico). También se relaciona con el reconocimiento de caras, ya que muestra gran activación ante el estímulo facial. Se localiza en la parte inferior del lóbulo temporal (ver FIG. 6).
Giro supramarginal: grupo de neuronas corticales especializadas, junto al giro angular, en la función del esquema corporal. También está relacionado con el procesamiento fonético y la doble articulación del lenguaje. Se localiza alrededor de la extremidad posterior de la cesura Silviana derecha en el lóbulo parietal inferior, correspondiente al área 40 de Brodmann (ver FIG. 8).
Giro angular: grupo de neuronas corticales que pone en relación las áreas visuales, auditivas y táctiles del córtex, lo que permite la transformación del modelo visual de una palabra en su modelo auditivo, por lo que su actividad es fundamental en la lectura y escritura (ver FIG. 10). También está relacionado con el procesamiento semántico, ya que la estructuración de signos es un requisito para su comprensión. Se localiza en el lóbulo parietal y está situado encima y debajo del área de Wernicke, correspondiente al área 39 de Brodmann (ver FIG. 8).
FIG. 8: Esquema de las áreas cerebrales del lenguaje.[12]
Córtex motor: fibras corticoespinales que activan los músculos bucofonatorios (boca, labios, lengua, etc.) para la articulación del lenguaje y los músculos de la mano para la producción del grafismo en la escritura (ver FIG. 9 y FIG. 10). Se localiza en la parte posterior del lóbulo frontal, a lo largo de la fisura de Rolando, el surco que separa el lóbulo frontal del lóbulo parietal. El lóbulo parietal, conviene recordar aquí, incluye el córtex somatosensorial.
FIG: 9: Áreas de transmisión motora y sensoriales del córtex.[13]
FIG. 10: Äreas del lenguaje implicadas en el habla, la lectura y la escritura.[14]
Con respecto a la asimetría del cerebro, existen diferencias entre las pautas eléctricas de grupos de neuronas que realizan las mismas funciones en ambos hemisferios, como han descubierto recientemente un grupo de investigadores del INSERM de Francia en relación a la corteza auditiva y a la corteza motora izquierdas, que presentan una mayor actividad eléctrica[15]. Estas diferencias explicarían que el córtex auditivo izquierdo tenga una capacidad mayor para la discriminación de fonemas (señales auditivas), mientras que su homólogo derecho es superior en su capacidad para reconocer distintas voces y entonaciones. Asimismo, explicarían que el córtex motor izquierdo, en las zonas que controla la lengua, tenga una mayor capacidad para la producción de fonemas, mientras que el derecho, en las zonas que controla la mandíbula, es superior en su capacidad para modular la voz y establecer la secuencia del habla.
Por lo demás, las modernas técnicas de neuroimagen, desde la década de 1980 hasta nuestros días, han permito un gran avance en nuestra comprensión de las áreas cerebrales del lenguaje. De este modo hemos podido mapear la principales partes del cerebro que intervienen en el lenguaje hablado o escrito (ver FIG. 11).
FIG. 11: Visualización por Neuroimagen de funciones corticales del lenguaje: 1) percepción auditiva de palabras habladas (escucha); 2) percepción visual de palabras escritas (lectura); procesamiento de palabras habladas (habla), y comprensión del significado de las palabras (pensamiento).[16]
Gracias a estas técnicas, como la RMf, sabemos que que el pensamiento no es, como se creía, un lenguaje interno que se expresa mediante el habla, un lenguaje externo. El pensamiento y el lenguaje son funciones independientes, aunque interconectadas.
Por último, cabe decir que en la producción del lenguaje no interviene únicamente el córtex, sino que también intervienen zonas subcorticales, principalmente el tálamo, cuya función es transmitir al córtex la información sensorial procedente de las fibras nerviosas que llegan de las diversas partes del cuerpo y transmitir al cuerpo a través de las mismas fibras nerviosas las órdenes motoras que produce el córtex. E intervienen asimismo los ganglios basales, que ejecutan los patrones de actividad motora, como por ejemplo la escritura de las letras, así como la fluidez del habla y de la escritura, y el cerebelo, que regula el tono muscular y por tanto la pauta motora del habla y de la escritura.
[2] Fuente: http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/sites/ciencia/volumen1/ciencia2/30/html/sec_10.html
[3] Puede consultarse en http://dialnet.unirioja.es/servlet/tesis?codigo=653
[5] Ver el post “Los hemisferios cerebrales consiguen sincronizarse sin cuerpo calloso”, en : http://www.experientiadocet.com/2011/10/los-hemisferios-cerebrales-consiguen.html
[6] Fuente: http://www.proyectateahora.com/los-hemisferios-del-cerebro/. Información tomada del libro de Betty Edwards, Aprender a dibujar. Un método garantizado (Blume, 1984)
[9] Fuente: http://www.baires-salud.com.ar/investigacion-20/el-centro-del-procesamiento-del-habla-en-el-cerebro-no-esta-donde-se-creia-3429.html
[10] Véase el post “El centro del procesamiento del habla en el cerebro no está donde se creía” en http://www.baires-salud.com.ar/investigacion-20/el-centro-del-procesamiento-del-habla-en-el-cerebro-no-esta-donde-se-creia-3429.html
[11] Véase el post “El cerebro usa estructuras primitivas para interpretar el lenguaje” en http://www.experientiadocet.com/2010/05/el-cerebro-usa-estructuras-primitivas.html
[12] Fuente: http://www.tendencias21.net/La-ideologia-mostraria-la-misma-estructura-que-la-esquizofrenia_a4415.html
[14] Fuente: http://liceu.uab.es/~joaquim/phonetics/fon_produccio/bases_neurofisiologicas_produccion.html (Información tomada de AA.VV., El nostre cervell, Fundació Caixa de Pensions-Museu de la Ciència, 1985.)
[15] Ver el post “Descubiertas las pautas eléctricas cerebrales que producen el lenguaje” en http://estasemana.cip.cu/noticias/descubiertas-las-pautas-electricas-cerebrales-que-producen-el-lenguaje
Niños zurdos: ¿oportunidad o problema?
El primer pie humano que pisó la superficie lunar fue el de Neil Alden Armstrong, y fue su pie izquierdo porque este famoso astronauta era zurdo. Existen numerosos deportistas (Pelé, Mark Spitz, Rafael Nadal), artistas (Leonardo da Vinci, Michelangelo, Rafael, Picasso), músicos (Mozart, Beethoven), literatos (Goethe, Lewis Carroll), pensadores (Aristóteles, Nietzsche) y científicos (Newton, Einstein) geniales que son zurdos. Pero más allá de esta curiosidad, que ha llevado a preguntarse si los zurdos están particularmente dotados para alguna de estas actividades, los resultados que está aportando la neurociencia refutan las creencias populares que los distintos modos de pensamiento y conducta que manifiestan las personas responden al dominio de un hemisferio cerebral sobre el otro. Los dos hemisferios cerebrales, unidos por el cuerpo calloso y las comisuras cerebrales, funcionan juntos en casi todas las funciones neuronales. Existe, ciertamente, una lateralización de funciones en la que un hemisferio controla el lado contralateral del cuerpo, pero esta clase de dominancia no permite afirmar que el cerebro izquierdo domina propiamente al derecho (la localización de las funciones lingüísticas en el hemisferio izquierdo en la mayoría de los casos ha llevado a calificarlo como dominante), pues existe una división de trabajo basada en la cooperación y complementariedad en su funcionamiento.
Fuente: www.zurdos.cl
Otra cosa, en cambio, es decir que nuestra visión del mundo y nuestra relación con las cosas y las personas sea tanto en diestros como en zurdos la misma, puesto que hay una especialización de funciones cerebrales en cada uno de los dos hemisferios, si bien, por lo que toca a algunas funciones, existe un pequeño porcentaje de personas en los que no se cumple la regla general, como es el caso del lenguaje, que en un 7% de la población se localiza en el hemisferio derecho.
Fuente: http://www.maquina-perfecta.tecnicos24h.com
Yo mismo puedo dar testimonio de esta diferencia observando cómo juegan, hacen manualidades o resuelven un puzzle mis dos hijos, uno zurdo total y otro diestro. En relación a esta última actividad, mi hijo zurdo comienza siempre por las figuras centrales de mayor tamaño que va reconociendo y cuando tiene varias trata de unirlas, mientras que mi hija diestra parece seguir patrones o series de formas y colores de las piezas, componiendo el puzle por cualquier sitio, pero siempre de forma contínua, sin saltar a otro lugar. No obstante, esta diferencia puede desaparecer en función del tipo de intervenciones que hagamos los padres en el curso de esta actividad, a través de consejos, orientaciones o ayudas. Así pues, el tipo de educación influye poderosamente en el aprendizaje y en la nivelación de esas diferencias. No es prudente por tanto, ni tiene ninguna base científica, orientar la educación de los niños en función de las capacidades que manifiesten del lado de cada uno de los dos hemisferios, pues podría comportar una limitación en su aprendizaje, como advierte Sarah-Jayne Blakemore. Por el contrario, el conocimiento del funcionamiento de los dos hemisferios cerebrales puede ayudar a establecer enseñanzas compensatorias para los niños zurdos. A título de ejemplo, mi hijo zurdo precisa en mayor grado que le expliquen la actividad en su conjunto para saber qué tiene que hacer y por dónde tiene que comenzar, mientras que mi hija diestra es capaz de finalizar una actividad a partir del ensayo y error sobre sus diferentes partes con una pequeña asistencia por parte de los adultos. Recientemente se dio el caso de que me llamaron de la escuela de mi hijo para advertirme su tutora de ciertas dificultades y retrasos en el aprendizaje de algunas materias como lengua y matemáticas, así como de la conveniencia de seguir un programa de refuerzo a cargo de una especialista de educación especial. Por mi parte sugerí que antes de pedirle la realización de una tarea, le explicasen detenidamente tanto los elementos o aspectos que contenía como su proceso, así como el sentido y utilidad de la tarea. Ignoro si me hicieron caso, dado el hermetismo que rodea las más de las veces las aplicaciones didácticas de propuestas ajenas, pero según parece a las pocas semanas mi hijo mejoró sensiblemente sus resultados y no precisó de ninguna atención especial individualizada. Naturalmente, ésta es una experiencia particular y no pretendo ninguna generalización. Además intervienen otros muchos factores, como la supervisión que hacemos en casa de su aprendizaje en la escuela o la percepción que tengan los maestros de sus dificultades y las estrategias que sigan para superarlas. Pero pienso que es significativa y cabe considerarla a la hora de plantear la enseñanza de una materia o de una actividad a un niño zurdo.
Hecha esta observación, presentamos a continuación una didáctica infografía que presenta las principales diferencias entre diestros y zurdos, y que puede ser especialmente útil para el conocimiento de las características de estos últimos. Mi única reserva es la relativa a alguna simpática extrapolación, como la relativa a la lateralidad dominante en perros (diestra) y gatos (zurda), y a la subjetividad de algunas afirmaciones por lo que toca a las preferencias y a los consejos.

Fuente: http://www.circles.cl/page/3/
Ahora bien. ¿Sólo la especie humana tiene estos dos tipos de esquema corporal y lateralidad? ¿Existen diferencias anatómicas y funcionales en el cerebro de un diestro y en el de un zurdo? ¿Tiene alguna relación el ser zurdo con la dislexia y otras disfunciones del habla, la lectura y la escritura? Todas estas cuestiones son abordadas en el siguiente vídeo titulado Esquerrans, el món al revés (Zurdos, ¿el mundo al revés?), emitido en el programa Quèquicom de TV3 de Catalunya, dirigido y presentado por Jaume Vilalta:
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El vídeo comienza con un experimento de lateralidad, conducido por Miquel Llorente, biólogo investigador de la Fundació Mona, en Riudellots de la Selva (Catalunya), que ha realizado un estudio sobre la preferencia manual de los chimpancés —los mamíferos más cercanos y parecidos a los humanos— en la motricidad precisa. En opinión de este investigador, no hay ninguna ventaja en ser diestro o zurdo. La ventaja consiste en tener una preferencia manual bien definida, homogénea, porque es el manejo del cuerpo por el lado derecho (lateralidad diestra, con predominio del hemisferio cerebral izquierdo)) o bien por el lado izquierdo (lateralidad zurda, con predominio del hemisferio cerebral derecho) lo que tiene propiamente una función adaptativa al medio, al garantizar la eficiencia del aprendizaje y conducta del individuo. Este estudio, pionero en su objeto, se ha realizado tanto con chimpancés en cautividad como con chimpancés salvajes, en el Congo, comparando sus respectivos resultados y llegando a las mismas conclusiones. Según el mismo investigador, se observa que en la mayoría de primates la preferencia manual es hacia la derecha, como sucede en la especie humana. Por esta razón, nuestra tecnología, el diseño de los productos y las convenciones sociales están concebidos para la mayoría social de personas diestras. De ahí que la minoría de zurdos, que alcanza el 10% de la población (otros estudios hablan de porcentajes superiores en función de los factores culturales y la prácticas escolares), se encuentren con no pocas dificultades. Algunos ejemplos mostrados en el vídeo son un abrelatas, cuyo uso exige poner boca a bajo la lata, unas tijeras, cuyo trazo exige invertir la orientación del papel a recortar, o llevar el reloj en la muñeca izquierda, que resulta incómodo a los zurdos para escribir. Sin embargo, estas desventajas en relación a los diestros, si se afrontan con optimismo, pueden representar retos y oportunidades para el desarrollo de estrategias y habilidades en el niño zurdo, que le lleven a tomar conciencia de su esquema corporal a una edad más temprana en la realización de diversas tareas cotidianas y a despertar una actitud de superación y perseverancia ante las adversidades.
A este primer experimento le siguen dos pruebas realizadas a una persona zurda, como sujeto experimental, y a una persona diestra, como sujeto control, utilizando la técnica de la resonancia magnética funcional (RMf), que no sólo permite producir imágenes tridimensionales de alta definición de estructuras cerebrales, sino que también permite registrar los cambios en la actividad cerebral a medida que el sujeto es sometido a determinados estímulos o se le pide que realice ciertos actos. En la primera prueba, que reproduce un experimento realizado con 50 voluntarios diestros y otros tantos zurdos, y cuyas conclusiones son compartidas por la comunidad neurocientífica, un equipo de investigadores de neuroimagen del Institut d’alta Tecnologia (IAT) del Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona (PRBB) de CRC Mar Corporació Sanitària, con la colaboración del neuropisólogo Joan Deus, localiza qué área precisa del cerebro controla el lenguaje oral de una persona zurda, pues a diferencia de los diestros, en los que las neuronas que controlan el habla están por lo general en el hemisferio izquierdo (algunos estudios afirman que pertenecen a este grupo el 98% de la población diestra, mientras que otros estudios hacen una estimación entre un 96% y un 99%), en un 15% de los zurdos, por el contrario, esas neuronas pueden estar en ambos hemisferios, y en un 15% sólo en el derecho. Para el 70% de zurdos que tienen la activación de las mismas zonas del habla que los diestros, la única diferencia funcional que presenta su cerebro es la relativa a la activación de las zonas de la escritura, ya que en los zurdos se activa, además de la zona del habla del hemisferio izquierdo, la zona motora del hemisferio derecho. Este hecho, no supone necesariamente, que el proceso de la escritura sea más lento al activarse más zonas del cerebro, porque el cuerpo calloso y las comisuras cerebrales garantizan la comunicación entre ambos hemisferios, como tampoco que sea más eficiente al utilizar menos zonas cerebrales, porque el rendimiento es el mismo. En consecuencia, no existe ninguna relación de causalidad entre la zurdera y la dislexia y otras disfunciones del lenguaje escrito u oral, siempre y cuando se haya establecido claramente la lateralización (preferencia por el lado derecho o izquierdo del cuerpo) en el niño antes de los 6 o 7 años, esto es, previamente a su aprendizaje en la lecto-escritura y a su alfabetización funcional básica. De ahí la importancia de la labor terapéutica de la familia y la escuela en la detección precoz de los problemas con el procesamiento del habla, la lectura y la escritura a causa de una lateralización indefinida, siendo necesaria nuestra ayuda como padres o educadores para que nuestros hijos o alumnos definan su lateralidad. También cabe subrayar aquí el efecto positivo que tiene en el desarrollo cerebral del niño la enseñanza compensatoria del cerebro disléxico. No obstante, un problema que sí podemos relacionar con la mano zurda es la tendencia a escribir las letras y palabras al revés, que es necesario corregir cuando se manifieste.
En la segunda prueba, el Dr. Josep Espalder, jefe de neurología del Parc de Salut Mar, del Hospital del Mar de Barcelona, somete a la misma persona zurda de la prueba anterior a una estimulación magnética transcraneal, con el objeto de inhibir, sin tocar el cerebro, la función cerebral del habla y en consecuencia desactivando el aparato fonador. La prueba consiste en excitar eléctricamente el cerebro del sujeto experimental en diferentes momentos de una elocución, provocando que durante unos segundos quede muda, para localizar así, de manera precisa, la zona del habla. Esta prueba es habitual realizarla en pacientes zurdos que van a ser sometidos a una operación quirúrgica en el cerebro para evitar dejarlos sin la función del lenguaje oral. Pues, como hemos dicho más arriba, en un 15% de los zurdos las neuronas que controlan el habla pueden estar en ambos hemisferios. Esta prueba ha permitido concluir que aquellos casos de diestros con lateralidad cruzada o ambígua, esto es, que no coincide la mano dominate diestra con el pie o el ojo, no tiene ninguna consecuencia para su adquisición y competencia del lenguaje oral y escrito, siempre y cuando no duden ni cambien continuamente en su preferencia. Y en este punto, la misión educadora de los padres y de los maestros es fundamental.
Para saber más:
Blakemore, Sarah-Jayne & Frith (2005), Uta, Cómo aprende el cerebro. Las claves para la educación, Barcelona, Planeta, 2007 y 2011.
Rubia, Francisco J., El cerebro nos engaña (2000), Madrid, Planeta, 2007 y 2010. En particular el capítulo 7: La división funcional entre los hemisferios cerebrales.
Marugán, Montserrat, “La lateralización: actividades lúdicas que la desarrollan y fomentan aprendizajes escolares”, en Cuaderns Digitals:
http://www.quadernsdigitals.net/datos_web/hemeroteca/r_1/nr_772/a_10412/10412.html
guiainfantil.com:
“Niño zurdo”. http://www.guiainfantil.com/1153/nino-zurdo.html
“Educar a un niño zurdo”. http://www.guiainfantil.com/1154/educar-a-un-nino-zurdo.html















