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Aprendizaje por proyectos (EDUTEKA/NorthWest Regional Educational Laboratory)
Este artículo titulado “Aprendizaje por proyectos” extraido de la web educativa EDUTEKA nos muestra una nueva opción para intentar motivar e involucrar a nuestros alumnos en el día a día de su formación.
Una visión fresca y aplicable en un modelo de educación integral o holística. Aquí el artículo.
Cuatro potentes herramientas para el aprendizaje cooperativo
La clase interactiva
Ejemplos con dos herramientas digitales. Por un lado, una pizarra interactiva de gran formato Interwrite, que permite la presentación en la clase de información contenida en el ordenador, así como su elaboración y tratamiento. Por otro lado, una pizarra interactiva portátil, con conexión inalámbrica al ordenador y a la anterior pizarra interactiva fija, que permite la colaboración de cualquier alumno en la clase sin necesidad de moverse por el aula.
El trabajo cooperativo
Ejemplo con la herramienta Cmap Tools, que permite la cooperación entre varias personas o varias clases de alumnos conectadas en red para la realización de un mapa conceptual, y con la que se pueden introducir tanto textos como imágenes, vídeos y audios. En el caso que se quieran realizar esquemas de llaves, es recomendable la utilización de la herramienta Free Mind.
En relación a la anterior entrada de Jesús Guillén titulada “Aprendizaje cooperativo”, quisiera subrayar aquí el papel que tiene el profesor en el fomento de dicho aprendizaje, que tiene como principal virtud la interacción social del grupo de alumnos, y con ello el desarrollo y la potenciación de las habilidades cognitivas de nuestro cerebro. Ya es hora de sustituir el paradigma de la competitividad por el de la cooperación en la cultura escolar, ponderando el valor otorgado a los resultados académicos con el valor que cabe otorgar a la experiencia misma del aprendizaje sobre la base de la participación y la colaboración de los alumnos. Porque enseñar, como ya hemos argumentado en pasadas entradas, no equivale sin más a aprender. Y además, en nuestra actual sociedad de la información, el conocimiento ya no es un bien monopolizado por los profesores. Es responsabilidad del profesor conocer los recursos que están a su alcance para facilitar el aprendizaje cooperativo, pero no es menos cierto que también es responsabilidad de la dirección de los centros de enseñanza, y por extensión de la administración educativa, facilitar el acceso a esos recursos a los profesores.
Naturalmente, se puede fomentar el aprendizaje cooperativo sin el recurso de las llamadas TICs. Y habrá experiencias educativas que no las requieran. Pero la escuela no puede cerrarse a los cambios tecnológicos de la sociedad en la que viven los alumnos. Además, el desencaje entre esa realidad social y la vida escolar comporta, sin lugar a dudas, una pérdida en la motivación de los alumnos. Tal como nos documenta la neuroeducación, la predisposición del alumno es fundamental para garantizar el aprendizaje, y una tal actitud positiva para aprender sólo se consigue cuando el profesor despierta su curiosidad y atención en la manera activa y gratificante de presentarle la información en el aula, tal como permiten las herramientas que aquí presentamos. Además, esas herramientas hacen posible ordenar, organizar y estructurar la información de una forma novedosa y atractiva, lo que cautiva la atención del alumno y facilita su aprendizaje. Y este aprendizaje se potencia cuando los alumnos intervienen en su construcción, estableciendo relaciones con aprendizajes previos e intereses personales. Por último, el uso de esas herramientas de naturaleza interactiva puede favorecer la creación de un ambiente en el aula más agradable y relajado, reduciendo las situaciones de estrés por la enseñanza directiva del profesor en el aula, que puede llevar a un bloqueo emocional del alumno para los procesos de memoria. La enseñanza no tiene por qué ser percibida por el alumno como un proceso aburrido y desagradable. De hecho, si no se invierte esta tendencia lo único que se garantiza es el fracaso escolar. Las emociones positivas que contagie el profesor y las estrategias cognitivas significativas para los alumnos son determinantes tanto para la memoria como para el aprendizaje. En este sentido, la escuela del siglo XXI no puede seguir trabajando con las herramientas del siglo XIX. Es una cuestión de ritmos.
Para saber más:
Jordi Adell, “Cómo cargarse una actividad de aprendizaje colaborativo”:
http://elbonia.cent.uji.es/jordi/2012/02/15/como-cargarse-una-actividad-de-aprendizaje-colaborativo/
Blog Techmez, “La testosterona nos hace más egocéntricos y menos cooperativos”:
http://www.techmez.com/2012/02/01/la-testosterona-nos-hace-mas-egocentricos-y-menos-cooperativos/
Europa press, “El aprendizaje de los niños también se basa en el trabajo cooperativo”:
Sergi Jorda, “¿Una revolución educativa?”:
http://www.cccb.org/lab/es/ici/una-revolucio-educativa/#more-1892
“La pizarra digital interactiva” (guía de uso y aplicaciones didácticas):
http://edu.jccm.es/cp/tiernogalvan/index.php?option=com_content&view=article&id=85&Itemid=92
Blog TotemGuard, “Mapa conceptual para desarrollar las inteligencias múltiples de H. Gardner”:
Blog de Enrique Rubio (propuesta de un mapa de conocimiento sobre el pensamiento crítico):
http://blog.cicei.com/erubio/2012/03/22/mapa-de-conocimiento-¿por-que-pensamiento-critico/
Michael Tomasello, “Lo que nos hace humanos es la cooperación”:
http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120705/54321217732/la-contra-michael-tomasello.html
Aprendizaje cooperativo
En el video presentado observamos como un chimpancé, que comparte con los seres humanos gran parte de su material genético, resuelve el problema de la comida a través de la colaboración.
¿Qué es lo que nos diferencia del resto de especies? Analicemos, con el caso del chimpancé de fondo, tres argumentos tradicionales utilizados para mostrar nuestros rasgos diferenciales: el tamaño del cerebro humano, el uso del lenguaje y la utilización de herramientas.
El tamaño del cerebro humano (1400 g aproximadamente), en comparación con el del chimpancé (400 g), no nos hace diferentes. El estudio de la desconexión de los hemisferios cerebrales seccionando el cuerpo calloso (split brain), ha permitido observar que la capacidad de un hemisferio para resolver tareas que tiene asignadas no se ve prácticamente modificada.
En cuanto al lenguaje, los chimpancés, y por supuesto otras especies, son capaces de advertir a otros integrantes de su grupo sobre determinadas situaciones, por ejemplo, de alerta o peligro. Eso es una forma de comunicación. Sabemos también que un chimpancé puede utilizar herramientas para resolver determinados problemas. Y sus crías pueden aprender ciertos hábitos a través de la imitación.
A pesar de todo, los seres humanos sí que tenemos interés en enseñar a otros individuos, nuestra complejidad del lenguaje es incomparable y las conexiones entre los diferentes circuitos cerebrales establecen grandes particularidades. Sin embargo, lo que realmente nos hace únicos es que somos seres sociales. La convivencia social garantizó la evolución de nuestra especie. La necesidad de mantener grupos cohesionados, organizados y solidarios, a través de la interacción social, evolucionó de forma natural.
El aprendizaje de los chimpancés, y de otras especies, se debe al esfuerzo individual mientras que en los seres humanos es el resultado de algo social. La cultura se basa en la acumulación de conocimientos a través de la compartición e imitación. Sabemos que nuestro cerebro tiende, automáticamente, a imitar cualquier movimiento observado. Construyendo modelos mentales del mundo físico y compartiéndolos hemos generado el lenguaje y la cultura. Y podemos aprender de las experiencias ajenas. La moderna neurociencia nos ha dado la respuesta con el descubrimiento de las neuronas espejo. Y así, la imitación nos permite introducirnos en el mundo mental de los demás a través de la empatía y adoptar modelos que son mejores que los propios.
Howard Gardner definió la inteligencia interpersonal como la capacidad para entender a las otras personas: lo que les motiva, cómo trabajan o cómo trabajar con ellas de forma cooperativa.
Los docentes conocemos la importancia del trabajo en grupo, en particular del trabajo cooperativo, y el de la socialización. Las relaciones interpersonales en el aula no se limitan a la relación profesor-alumno (dichoso efecto Pigmalión) sino también a la relación alumno-alumno. Al cooperar los alumnos hacen cosas diferentes y luego coordinan sus logros buscando un beneficio común y un resultado que mejore las aportaciones individuales. Numerosos estudios han demostrado los beneficios derivados del aprendizaje cooperativo.
Este planteamiento no ha de entrar en confrontación con la sensibilidad que ha de mostrar la enseñanza hacia la individualización. Se puede generar la evolución académica del alumno, atendiendo a sus características individuales, promoviendo la colaboración y el trabajo en grupo, fomentando así las mejores relaciones entre alumnos y un entorno más motivador.
Como docentes, deberíamos gestionar el proceso de transformación del grupo a través de la interacción entre alumnos. Todo ello fomentando un aprendizaje compartido, es decir, entendiendo la interacción entre alumnos como una parte esencial del proceso de aprendizaje.
La adquisición de habilidades sociales y comunicativas por parte de los alumnos les permitirá participar activamente en la sociedad del futuro de la que formarán parte. Y la figura del profesor como referente ejemplar resulta insustituible al transmitir hábitos, intereses y valores adecuados.
La escuela del futuro ha de reflejar la evolución de la sociedad. El desarrollo de las nuevas tecnologías de la información ha posibilitado la aparición de las redes sociales que han de conllevar el necesario proceso de adaptación y actualización. La formación de los nuevos ciudadanos requiere disponibilidad hacia el trabajo colaborativo en detrimento del competitivo.
Y eso no es necesario que nos lo enseñen los chimpancés.
Jesús C. Guillén
Para saber más:
-Gazzaniga, Michael, ¿Qué nos hace humanos?, Paidós, 2010.
-Frith, Chris, Descubriendo el poder de la mente, Ariel, 2008.
-Gardner, Howard, Inteligencias múltiples, la teoría en la práctica, Paidós, 1995.
