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Ideas para una pedagogía crítica

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La mujer y el hombre no son universales ni eternos; sus vidas son procesos particulares y finitos, como el resto de seres vivientes y cosas naturales, y en su dimensión biológica son unidades psicofísicas dinámicas, en evolución, cuya tendencia es la pervivencia en el medio, la reproducción de la especie y la autorrealización a través de obras culturales en cuya creación histórica hombres y mujeres se transforman contínuamente. No representan ninguna substancia, sino que devienen en una sucesión de accidentes y múltiples apariencias. Por tanto, no hay una esencia ni una identidad a las que tenga que referirse la educación, ni un modelo ideal humano que alcanzar mediante la educación.

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La condición humana es la de un existente que se recrea incesantemente a sí mismo, en un ciclo de autoproducción y variación sin fin hasta la muerte. Su proceso social y cultural de humanización, a través del cual se potencia su adaptación al medio y se perfecciona su relación con los otros individuos de su misma especie, es específico y singular en cada individuo, por lo que la educación tiene que ser siempre individualizada, discriminándola de toda referencia a una totalidad abstracta como la clase social o la nación.

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Educar no es lo mismo que instruir, doctrinar o amaestrar. Educar es humanizar, y esto no es otra cosa que hacer partícipes a todas las personas –superando los desafíos del medio, los obstáculos de la sociedad y las limitaciones y discapacidades de cada uno–, de las inclinaciones y disposiciones que nos caracterizan como especie en un momento histórico determinado y que tienen una función biológica adaptativa y de determinación racional de la realidad, tal como el deseo del conocimiento, el amor por nuestros congéneres y la búsqueda de la felicidad.

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La pedagogía que sirve a nuestra humanización no es el resultado de unos métodos de enseñanza y de unos correlativos sistemas de evaluación de lo aprendido, sino la mediación de ambos elementos –enseñanza y aprendizaje– en un proceso indefinido, variable y abierto a toda clase de posibilidades transformadoras que implica tanto a los docentes y sus organizaciones escolares como a los alumnos y sus familias. Por tanto, se rechazan todos los enfoques holísticos y sistemáticos por su valor especulativo y el cierre dogmático de la praxis pedagógica.

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El valor educativo –en el sentido que aquí damos a la educación– de una relación de enseñanza y aprendizaje no radica en conseguir que el alumno sea un nuevo eslabón en la transmisión de nuestro estadio cultural,  sino en fomentar la reflexión crítica sobre el entorno natural y social, así como sobre la tradición cultural y sus pretensiones de verdad, socializando como legítimo patrimonio de la humanidad el conocimiento alcanzado y garantizando que los diversos saberes sean vitalmente significativos y socialmente necesarios, y que se puedan llevar a la práctica para modificar nuestras vidas, en función de las posibilidades de cada alumno. Los educadores tienen que enseñar a dudar y preguntar para que sus alumnos puedan aprender a responder y hallar soluciones a los problemas de nuestro mundo.

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El educador tiene que ser consciente de que la pedagogía tiene una ineludible relación con la política porque las instituciones educativas cumplen un papel legitimador o transformador de nuestro sistema social. Ciertamente o bien se educa para formar una clase dirigente que desempeñe una función intelectual dominante o bien se educa para formar entre la clase subalterna un grupo que desempeñe una emergente función intelectual que subvierta el orden social. Y justamente aquí radica una de las principales diferencias entre una pedagogía crítica y una pedagogía tradicional. La pedagogía crítica ha de promover una justa distribución de los recursos educativos para que las clases populares adquieran una educación integral así como una concepción ética y estética de la vida que les permita aspirar a unas condiciones sociales más justas y dignas.

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Una constante de todos los grandes pedagogos y reformadores de la educación en Occidente es la crítica de la sinrazón de las enseñanzas impartidas por los adultos, en particular por los docentes en las escuelas, así como la crítica del irracionalismo social en el comportamiento y las costumbres de sus coetáneos. Este hecho es una nueva evidencia  de la imperfección y falla ontológica de la condición humana. En este sentido, la pedagogía crítica es un intento de disminuir esa disonancia entre nuestras vidas y nuestros ideales culturales, pero desde la auto-reflexión crítica que no es posible llegar a alcanzar un grado último y definitivo de perfección en el ser humano. El hilo rojo de la pedagogía crítica es la ironía.

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El educador no debe buscar la disciplina en el aula y el esfuerzo por parte de sus alumnos ni en la fuerza, ni en la obediencia, ni en la autoridad, sino sólo en el reconocimiento de su influencia por los mismos alumnos sobre la base de las pasiones intelectuales que despierte en cada uno de ellos, tales como la curiosidad por todo cuanto nos rodea y nos constituye, la admiración por toda clase de realidades empíricas o trascendentales y el vértigo por una vida de entendimiento. Sólo de este modo se puede fijar la atención, provocar la motivación, suscitar la emoción, despertar el pensamiento y conservar la memoria de los alumnos de una forma eficaz y sostenible en la relación de enseñanza y aprendizaje. El instrumento didáctico más potente no hay que buscarlo en ninguna tecnología ni en ningún método pedagógico, sino en las pasiones intelectuales del educador y en su capacidad de contagio emocional e intelectual.

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Antes que profesor (el que imparte una disciplina) hay que ser maestro (magister, el mago comunicador capaz de transmitir un contenido), y antes que maestro hay que ser una buena persona (la persona que vive en compañía de los demás con benevolencia, y además le gusta hacerlo). Educar es un acto que requiere amar al otro y un sentido moral de la piedad en virtud de lo cual el educador se pone al servicio de la educación de los alumnos para su perfeccionamiento físico, emocional e intelectual. En el cumplimiento de este mandato genésico, que lleva al respeto de los alumnos y a la equidad en su trato, se juega el docente su prestigio social. No importa la materia o los contenidos que el  profesor o el maestro enseñe, porque haga lo que haga el docente siempre tiene que educar para la vida.

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Para escapar de la rutina y la repetición, del tedio y del aburrimiento, de la alienación del trabajo y de la pérdida de sentido, del autoengaño del docente y del fracaso del alumno, hay que olvidarse del currículo y orientarse por la vida y la realidad social. El drama de la educación es seguir unos objetivos y limitarse a unos procedimientos impuestos por terceros. La única educación que se puede legitimar desde una cultura democrática y desde una actitud tolerante es aquella que consiste en la libertad de pensar y hacer, inventar y construir, imitar y compartir, en un diálogo incesante entre docentes y alumnos, entre escuela y familia, entre comunidad escolar y sociedad. La principal ambición del educador no tendría que ser la de acabar un programa sino la de lanzarse a la aventura de la vida y del saber arrastrando con él a sus alumnos.

CODA

No existe el educador ideal, sólo existes tú en tu proceso educativo. Hay que asumir que del mismo modo que una buena persona se hace en el curso de toda una vida, un buen maestro o profesor se hace cada día en su experiencia docente, de donde tiene que extraer todo lo que necesita para dar la clase del día siguiente. Y si tu profesión no te complace y consideras que ya no puedes hacer más como educador, entonces lo mejor que puedes hacer por ti y por tus alumnos es armarte de generosidad y coraje y cambiar de profesión, que tu renuncia sea el acto educativo ausente de tu ejercicio profesional para que la educación siga progresando.

Félix Pardo y Josep Pradas

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  1. 16 enero, 2013 en 23:00 | #1

    ¡Excelente reflexión!

    • Félix Pardo
      16 enero, 2013 en 23:06 | #2

      Gracias Moira. Tu vida y obra educativa es una fuente de inspiración para nosotros.

  2. Luis
    20 enero, 2013 en 21:45 | #3

    Gracias por esta sucinta y útil colección de consejos pedagógicos y éticos para docentes. Ojalá os lean muchos profesores, pues hace mucha falta, ¡y muchos alumnos también!

    • Félix Pardo
      21 enero, 2013 en 21:44 | #4

      Gracias Luis. En eso estamos. Nos consta que la mejor parte de los docentes y me atrevería a decir que todos los alumnos quieren una nueva educación. Nuestro propósito con esta reflexión es invitar a repensar ideas que han dicho grandes pedagogos pero que a veces olvidamos porque no las actualizamos. Nuestro deseo es que los docentes se apropien de la reflexión pedagógica sin excluir en este proceso a los alumnos como principales afectados en sus decisiones y actuaciones. En el fondo no es otra cosa que profundizar en la democracia.

  3. 7 febrero, 2013 en 0:05 | #5

    Magnífico artículo. Me parece una reflexión bastante contundente y acertada. La maestría debe recuperar mucho protagonismo dentro de la educación en detrimento del excesivo tecnicismo (tanto pedagógico como epistemológico) en las actuales aulas. Los maestros deben recuperar su función artística en cuanto creadores de procesos de enseñanza-aprendizaje que abran al alumnado el mundo y sus características. De esta manera podrán conocer el mundo, conocerse y conocer que les apasiona en esta vida, que deberia ser el objetivo primordial de la educción. Muchas gracias por tus palabras llenas de autentica educación

  4. Félix Pardo
    7 febrero, 2013 en 19:08 | #6

    Gracias José María. Suscribo tus observaciones. Si me atengo a mi experiencia, considero que el principal problema de la educación es el docente, al mismo tiempo, aunque pueda parecer paradójico, que en sus intervenciones está el principio de solución a la mayor parte de los problemas de la educación. Con unos pocos principios se podría operar toda una revolución educativa. Imaginemos el efecto de estos dos principios: competencia y respeto. Y puesto que siempre hay que ser ambicioso cuando se habla de educación, imaginemos también el efecto de este otro principio rector: la justicia social.

  5. 11 febrero, 2013 en 10:22 | #7

    Justicia social, eso lo resume todo Felix. Mientras no la persigamos, dificilmente podamos conseguir un mundo verdaderamente humano, donde las personas seamos los protagonistas.

  1. 18 enero, 2013 en 21:45 | #1
  2. 21 enero, 2013 en 11:30 | #2
  3. 21 enero, 2013 en 11:30 | #3
  4. 21 enero, 2013 en 11:44 | #4
  5. 21 enero, 2013 en 12:23 | #5
  6. 25 enero, 2013 en 7:48 | #6
  7. 17 marzo, 2013 en 21:37 | #7
  8. 26 mayo, 2013 en 13:50 | #8

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